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En la vida caminamos guiados por nuestros sueños. Esas acciones, esa manera de ser, se tiñen con el color de nuestras esperanzas y proyectos. Es esa percepción la que nos convierte en uno de los municipios más singulares de Guadalajara, diría que hasta de esta piel de toro. De un tiempo a esta parte oigo alguna voz que se decanta por la normalidad. Y ante tanto conformismo me viene a la memoria la mácula de ‘municipio fantasma’ que en 2011 nos legó el Gobierno del Partido Popular. Nosotros, en el PSOE, estamos empeñados en darle la vuelta a la tortilla para ser reconocidos como ‘municipio estrella’. Y a fe mía que no vamos mal desencaminados.

El entonces presidente de Castilla-La Mancha, José Mª Barreda, poniendo la primera piedra de Valdeluz

El entonces presidente de Castilla-La Mancha, José Mª Barreda, poniendo la primera piedra de Valdeluz

Aunque es seguro que ustedes tienen más ejemplos, conviene antes poner cada cosa en su sitio. Empezando por el principio. La primera piedra de Valdeluz se colocó hace justo una década. En el verano de 2006 se entregaron las primeras llaves. Cinco años después aún seguían al frente del Ayuntamiento los mismos que hoy se oponen a cada nuevo servicio que ponemos en marcha. De casta le viene al galgo. Hablamos de una ciudad ‘inventá’, que diría José Mota. A la sombra de un AVE de paso que vemos alejarse sin demasiadas esperanzas. La maldita crisis redujo las cuatro fases iniciales a una, preñada de anhelos y vecinos. Todo por hacer, muchas necesidades y problemas sin resolver.

Yebes dista 12 kilómetros por carretera y sin acceso directo con Valdeluz. Un pueblo inerme cuajado de urbanizaciones medio vacías y sueños rotos. Con más vecinos nuevos que paisanos de toda la vida. Sin servicios, a excepción de los municipales. Tienda, bar y autobuses son los únicos atisbos de actividad en medio de tanta resignación y apatía. Que prefiere eso de ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’.

¿Y qué se supone que es un pueblo normal de 2.700 almas? ¿Quizá prefieren uno como el de nuestros vecinos, con tiendas, escuela infantil, colegio, ambulatorio, polideportivo, campos de futbol, bares y hasta polígono industrial? ¿Cuántos años creen ustedes que son necesarios para crear y consolidar todos esos servicios? ¿Conocen muchos ejemplos de pueblos con una historia tan reciente como la nuestra que hayan avanzado tanto en tan poco tiempo? Esos conformistas de pacotilla pueden cargarse de razones creyendo que normalidad es sinónimo de inmovilismo. Que lo de tener servicios tan paupérrimos obedece a la voluntad de la Junta de Comunidades. Que es mejor crecer sin prisa pero sin pausa y no tener que mantener 272.500 m2 de jardines. Que nada mejor que tener un alcalde a medio gas, una biblioteca en vez de dos o los autobuses justitos. En definitiva, un pueblo a la antigua usanza que madura despacio, disfruta de sus fiestas y tradiciones, y poco más.

A veces tenemos la mala costumbre de olvidar que apenas somos un recién nacido que comienza a gatear. Sin ir más lejos, todos los servicios que usted puede utilizar o disfrutar hoy en Valdeluz o en el pueblo se han puesto en marcha desde 2011, coincidiendo con la llegada del PSOE al Ayuntamiento. El Partido Popular era más de sombras que de luces, más de atropellos que de razones, más de silencios que de diálogos. Cuya vanidad le llevó a gestionar un presupuesto de 22 millones de euros para menos de 350 habitantes. Corría el 2005, tiempos en los que había más toros que autobuses, más adoquines que servicios. Ahí está el infame barracón al que se obligaba a todo hijo de vecino a acudir a la consulta médica, que ha pasado a la posteridad como testigo fiel de tanta indiferencia como abundaba en aquellos tiempos.

¿Y en Valdeluz? Pues más de lo mismo. Si querías un libro en préstamo había que desplazarse hasta el pueblo. Que a aquella desangelada urbanización se le negaba el pan y la sal. Ni autobuses, ni atención infantil, ni deporte, ni fiestas. Y que no se les ocurriese levantar la voz. El dinero de la venta de suelo municipal procedente de ese mismo núcleo urbano, mejor a buen recaudo en el banco no vaya a ser que se acostumbren los vecinos. Aquel era el imperio del ‘municipio fantasma’ que instituyó el Partido Popular. Hasta que llegó el 2011 y las elecciones municipales, Dios mediante.

Ahora, con decisión y sentido común, acumulamos servicios municipales que atienden necesidades vecinales. Hoy, las familias y vecinos pueden leer, estudiar o hacer deporte, sellar la cartilla del paro o tocar el trombón a la vuelta de la esquina. Ahora, las actividades culturales, deportivas y divulgativas exceden las habituales de un pueblo normal. Hoy, estamos empeñados en generar las condiciones para que los vecinos estén satisfechos con su entorno. Porque queremos ser un municipio estrella.

Lejos de la crítica estéril de quienes no entienden de oportunidades y futuro, hemos captado la atención del resto de la región por nuestra Aula de Astronomía, que acumula más de 7.000 visitas en un par de años. No hay otro municipio de una órbita similar mejor comunicado que el nuestro. Que para eso pagamos más autobuses de los que nos conceden otros. ¿Ya me dirán ustedes qué pueblo de más de tres mil habitantes de facto tiene casi 275.000 m2 de parques? ¿Y un bosque como Valdenazar? ¿Y una biblioteca galardonada dos veces con el ‘María Moliner’, más de mil socios y 8.521 volúmenes? ¿A qué obedece ese empeño de algunos del PP en retrotraer a Yebes y Valdeluz y a sus gentes a aquel pueblo minúsculo, corriente y timorato ante los cambios? ¿Por qué resignarnos a crecer como el resto, de manera vegetativa? Teníamos la oportunidad de impulsar el crecimiento y el desarrollo de Valdeluz y del pueblo de manera persistente. Y lo estamos consiguiendo. De tres años para acá. Cierto es que falta aún mucho por hacer, sobre todo, en lo que a servicios dependientes de la Junta de Comunidades se refiere y que son fundamentales, como el colegio público o el centro de salud. Digo yo que algún día tendrán que despertar del letargo.

Hoy trabajamos con la vista puesta en un horizonte, con una estrategia. Esa que ha marcado nuestros pasos y conseguido hacernos diferentes en estos tres años. La que ha permitido crear servicios contra viento y marea, y recursos que han mejorado de forma sustancial el bienestar y la calidad de vida de nuestros vecinos. Que lo notan, mal que les pese a algunos. Hoy es generalizado el reconocimiento como ‘municipio estrella’. Esa marca que nos identifica y que algunos ridiculizaron a las primeras de cambio porque eran incapaces de ver más allá de sus narices. “Conviene avanzar hacia la utopía”, opinaba el escritor Galeano. Elijan ustedes, que son los que al fin y al cabo tienen la última palabra.

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