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Cual terco Victor Frankenstein adaptado a los tiempos, soy proclive a crear criaturas.

¡Ojo!, criaturas que no engendros. A lo largo de este fructífero mandato que ya viene terminando, han sido varias las que he ido concibiendo desde la nada. Poniéndome poético y cursi hasta la médula, diría que desde el mismísimo barro primordial. Era perentorio sacar adelante proyectos sociales y necesarios. Y diría aún más, decididamente indispensables para los vecinos.

Un puñado de soluciones de las que me considero autor. Sin una pizca de vana vanidad. Y puesto que me precio de buen padre, a todas les guardo cariño. Pero sea por hache o por be, por querencia o vaya usted a saber, a algunas les tengo una pizca más de aprecio.

En estos pocos meses que faltan para las elecciones del año que viene iré desgranando los detalles. En parte porque me apetece. Pero sobre todo, antes de que nadie me señale lo obvio, por razones obvias de electoralismo puro y duro. Porque no hay mejor campaña que la de los logros conseguidos. Total, para que te pongan a caer de un burro ya se pintan solos unos cuantos de por aquí. Y ya puestos, hablaré también de las criaturas fallidas. Que de todo ha habido y para todas hay algo de cariño.

Hoy quiero hablarles de la que estoy más orgulloso. De la biblioteca de Valdeluz y toda la enjundia que le rodea. Para tener una perspectiva exacta es impepinable echar una somera vista atrás. Que tampoco es cuestión de repetir lo dicho hasta la saciedad. Cuando los socialistas llegamos en 2011 al Gobierno municipal solo había una biblioteca. Estaba en el pueblo, atendida a tiempo parcial por una funcionaria eventual. En Valdeluz, ni una mísera migaja. Era lo que se llevaba.

Todo arrancó en la caseta municipal. Pequeña, modesta, fría. Había que empezar a llenarla y no se nos ocurrió nada mejor que una campaña de donación de libros. La respuesta desbordó las previsiones más crédulas. No teníamos estanterías para tanta generosidad. Fueron los primeros 2.000 volúmenes de un depósito que hoy supera los ocho mil, que hubo que revisar, seleccionar y catalogar a mata caballo.

Aquí quiero hacer un inciso. De agradecimiento. Bueno, mejor un par. Al primer bibliotecario que tuvimos a jornada completa. A Pedro Venturini, vecino de Yebes. Un hombre diligente donde los haya que con su simpatía, implicación y buen hacer supo ganarse a los primeros y timoratos usuarios que empezaban a frecuentar el servicio. Y a la Asociación Cultural ‘Hierónimo de la Rambla’, cuyo paraguas legal permitió mantener abierta la biblioteca durante un largo año. Aquel gesto impagable para con la comunidad de asumir la gestión le granjeó a su Junta Directiva no pocos reproches por parte de personajes de dudoso pelaje que están más preocupados del qué dirán que del bienestar público y notorio. Se lo debía a ambos, vaya por delante.

Álvaro llegaría más tarde. No seré yo quien glose a estas alturas sus virtudes en un panegírico. A la criatura no le hace falta. No, esta no es de mi invención. Que el puesto se lo ganó a pulso en una dura oposición. Ya se encargarán otros de poner en solfa sus defectos. Si se atreven, porque un servidor no tiene queja.

Y créanme que hablo con conocimiento de causa. Llevamos dos largos años trabajando codo con codo para sacar adelante la gestión diaria de la biblioteca, que tiene más chicha de lo que parece. Tanta dedicación o más merecen la caterva de proyectos que pululan alrededor de un servicio que es como de la familia. Donde los niños se mueven a sus anchas y las madres y padres tan tranquilos porque saben que están a buen recaudo. Cursos, manualidades, bebeteca, zona de estudio. ¡Un hervidero de actividad, oiga! Y para colmo, nos conceden hasta premios. El ‘María Moliner’ en las dos últimas convocatorias.

Seguro que se han percatado. De la metamorfosis de una instalación que es ejemplo a seguir. Cuya función excede para la que fue concebida, ya saben, eso de prestar libros. Las bibliotecas de Yebes y Valdeluz se han convertido de la noche a la mañana en los verdaderos dinamizadores del municipio. Y no solo en el plano cultural. Por allí pasan decenas de personas a diario. Madres, abuelos, padres, amigos. Que hacen piña. Y sobre todo, niñas y niños. A cascoporro, como dicen en mi tierra.

Allí encuentras de casi todo. Como en botica. Pelis, revistas, juegos, internet. A gusto del consumidor. Y no solo eso. Los usuarios también van a estar, que es lo que más me gusta. Simplemente a estar. Por el placer de ver pasar el tiempo entre caras conocidas. De saborear el ambiente. En un cómodo sofá o en animada charla. Se sienten a gusto y eso, estarán conmigo, es enormemente gratificante.

Y como no sabemos estarnos quietos, nos liamos la manta a la cabeza. Con los talleres de manualidades que se organizan cada semana y que están a rebosar. Sí, sabemos que faltan plazas. Estamos en ello. Siempre a la búsqueda de una actividad que llevarnos al coleto. De un motivo para que la biblioteca siga estando en el punto de mira de todos los vecinos sin excepción.

Habrá quien piense que me gusta sacar pecho. Que no tengo abuela. Que incurro en autocomplacencia al atribuirme el mérito. No les falta razón. Pero da la casualidad que el gestor y principal impulsor de este servicio es el menda. Lo del mérito y eso de que hoy por hoy sea un referente es otra cosa. Y ese no es mío, lo reconozco. Si me apuran, tampoco de Álvaro, que derrocha profesionalidad e inquietud a raudales. Los auténticos protagonistas de este fenómeno son todos ustedes. Esos mil y pico socios que con vuestra asistencia, ánimos y comentarios dais sentido a esta aventura. Ustedes son los verdaderos artífices de este éxito. Niños y familias. Gentes de toda condición. Quienes nos alientan a gestionar, programar y crecer con este espacio que, poco a poco, se ha vuelto imprescindible en el día a día.

Que quede claro que esto no es ni propaganda ni coba barata. El que me conoce un poco sabe cómo pienso y lo que opino al respecto. Y para pelotas, las únicas, las del fútbol. Y sí, antes de que nadie diga lo evidente: puestos a buscar parecidos, estoy más cerca del monstruo que del doctor que creo a la criatura. ¡Listos, que sois unos listos! Si es que tanta biblioteca…

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