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Que en nuestro municipio se ha producido un aumento formidable de población en poco tiempo es una sentencia de Perogrullo. Hombres y mujeres de nuevo cuño que, en buena lógica, desconocen los entresijos de nuestra historia reciente. No tanto de Yebes, cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos y que están recogidos en un modesto libro que está a disposición de todos ustedes a coste cero, como de la corta intrahistoria de Valdeluz. Una memoria de apenas cinco años de vida. Que empezaron a cincelar aquellos primeros vecinos. Servidor llegó en una segunda hornada y ya va para cuatro años que pateo estas tierras. Retomo el asunto, que me disperso. Lo dicho, breve pero fructífera historia.

Empiezan a ser legión los que me abordan por la calle, en mi despacho de las oficinas de Valdeluz o en el polideportivo. Que se enteran de quién soy y del cargo que ocupo en el Ayuntamiento para indagar sobre cuestiones varias. Parabienes de unos, censuras de otros. Pero si hay algo en lo que todos coinciden es la falta de espacios públicos que permitan dar más y mejores servicios. Y a uno solo le queda asentir y lamentar tales carencias. Es entonces cuando aprovecho para narrarles un episodio de infausto recuerdo.

Aconteció tal día como hoy de hace tres años. Quiero rememorar aquel dislate porque soy de la opinión que para argumentar se requiere conocimiento de causa. El ciudadano de a pie tiene derecho a saber y yo diría que hasta el deber.

Fueron unos cuantos los desatinos en los que incurrió el anterior equipo de Gobierno del PP. Sin ir más lejos, la concesión para un colegio privado concertado sin competencias para hacerlo. ¿Les suena? De aquellos polvos, estos lodos. Ese fue sonado y trajo graves consecuencias. Pero no fue el único. Sucedió otro especialmente doloso del que, a estas alturas, todavía seguimos pagando las consecuencias. Esta es la crónica de un despropósito.

En la glorieta de entrada a Valdeluz, a la derecha según se sale hacia la N-320, hay un solar vallado con varios ejemplares arbóreos y especies arbustivas, y algún que otro escombro. Pero no siempre fue una parcela baldía. Hasta hace tres años en ese lugar se levantaba la Zona de Ventas de la promotora de Valdeluz. Allí se ofrecía información y se vendían pisos. Cada empresa tenía su propio espacio. Por poner un ejemplo, Reyal disponía de un chalet piloto y de otra edificación de más de 500 metros cuadrados. El resto se repartían entre casetas debidamente acondicionadas y pisos piloto. En total, alrededor de 2.700 metros cuadrados. Rodeados de jardines, césped y hasta un pequeño lago.

Pero llegó la crisis inmobiliaria y, con ella, el declive en las ventas. Las mercantiles abandonaron poco a poco el recinto y siguieron desarrollando su actividad en los pisos que tenían en las urbanizaciones. El mantenimiento era todo menos barato. Esa situación se mantuvo durante un tiempo. Acaba de constituirse la Agrupación del PSOE de Yebes y enseguida nos percatamos del potencial que tenía esa zona dejada de la mano de Dios que, por aquel entonces, empezaba a mostrar signos de degradación. La ocasión para recuperar un recinto de tantas posibilidades era pintiparada. Y no nos lo pensamos dos veces. Esbozamos un proyecto que trasladamos al principal promotor de Valdeluz. La propuesta consistía en la cesión de uso de las edificaciones a las asociaciones del municipio y, por qué no, al Ayuntamiento. Lo de menos era que no tuviéramos representación en el Pleno. El fin justificaba los medios.

Reyal no hizo ascos a la oferta. Al fin y al cabo lo que se planteaba era rescatar esa zona del olvido, impedir su progresivo deterioro y darle un fin social. Se barajaron fórmulas para concretar esa idea y quién asumiría los distintos costes. Ahí estuvimos nosotros y la Asociación Cultural ‘Hierónimo de la Rambla’. Y nos pusimos de acuerdo. No les aburriré con los términos. Baste decir que la promotora fue generosa. Quedaba por atar un fleco no precisamente trivial. Que el Ayuntamiento de Yebes, a las órdenes del Partido Popular, diera sus bendiciones a la operación. ¿Y cuál fue la respuesta? Que nones. Al parecer, ese rechazo se amparaba en la legalidad. Dado que el uso terminal de esos terrenos era la construcción de viviendas, todas esas edificaciones tenían licencia provisional

Pero no quedó ahí la cosa. Para zanjar de un plumazo la polémica, el Ayuntamiento de Yebes decidió que el futuro de la zona de ventas y sus construcciones pasaba por la piqueta. El fallo estaba cantado y así se lo notificaron a las promotoras, a las que se conminó a proceder al derribo en el plazo establecido. No sería tan fácil. Éstas se negaron y durante un tiempo se mantuvo el tira y afloja. En esa tensa espera, algunos seguíamos pidiendo al Gobierno del PP que reconsiderase la decisión. Pero se mantuvo inflexible. Y puesto que las empresas no estaban por la labor, el Ayuntamiento ordenó la ejecución subsidiaria de la resolución. Es decir, contrataría los trabajos de demolición y luego le pasaría la factura a las empresas. La alcaldada se hizo efectiva el 15 de diciembre de 2010.

Esa Zona de Ventas que tanto molestaba a algunos tenía el mismo estatus legal que el supermercado donde hoy hacemos a diario la compra. O que el Restaurante Valdeluz. A toro pasado, confieso que no echamos mano de ese argumento a la vista de cómo se las gastaban. No fuera que se lo tomasen al pie de la letra y nos quedásemos sin los dos únicos negocios que teníamos en Valdeluz.

Una cosa tiene que quedar clara. El Ayuntamiento en ningún momento infringió la ley. Antes al contrario, la aplicó a rajatabla. Legítimo sí, pero ética y moralmente reprobable. No obstante, nos privó a todos de unos espacios que, antes y ahora, nos hubieran venido de miedo. Casi 3.000 m2 de superficie a cubierto, con luz, línea telefónica e internet, con aseos, calefacción y aire acondicionado. Y el cabreo se convirtió en  humillación cuando meses después supimos que Reyal había cedido la Zona de Ventas de una promoción que había hecho en Alcalá de Henares al Ayuntamiento sin que este le pusiera un pero.

Hasta la inauguración del Centro Deportivo Municipal y la puesta en marcha del aula de formación que se ubica en el primer piso, he tenido que estar haciendo malabares para organizar las actividades de mis concejalías. Y siempre de prestado. Clases de idiomas y de apoyo escolar en la sede de Protección Civil, con el quebranto y las molestias que conllevaban. La Escuela de Música tiene tomada al asalto las oficinas municipales, cuyas condiciones acústicas no son las más idóneas precisamente. Espectáculos y actividades culturales y recreativas en precario, exprimiendo al máximo las posibilidades de la biblioteca o, en ocasiones, en locales facilitados por los empresarios del municipio.

Imagínense por un momento que hubiéramos podido disponer de esos 2.700 m2 para ubicar allí cualquier actividad que nos hubiera dado la gana. Desde la biblioteca y ludoteca hasta la Escuela de Música, las aulas de formación o los talleres de manualidades, pasando por Protección Civil y hasta el ansiado CAI municipal. Esa posibilidad se esfumó cuando unos desaprensivos decidieron arrasar con aquel patrimonio que era de todos, lo que hipotecaba en gran medida nuestro crecimiento. Aún hoy sigo sin encontrarle explicación a tan tozuda decisión. Siempre me he resistido a creer que fuera de mala fe, pero hay días en los que tengo motivos para ello. Sobre todo, porque en ocasiones los herederos de aquellos siguen hoy el mismo patrón. Y no les duelen prendas a la hora de votar en contra de las lanzaderas o de un convenio humanitario con Cáritas. Como el método estalinista de la tierra quemada. Después de mí, el desierto.

Habrá quien piense que no deben pagar justos por pecadores. Craso error. El actual portavoz del PP ha defendido a capa y espada que la gestión de aquel derribo fue ejemplar con la excusa de que la zona en cuestión no tenía cimientos. Otro embuste sacado de la chistera.

Con motivo de aquella demencial actuación, editamos un boletín especial. La portada sirve para ilustrar este artículo. Si tienen interés en saber más y conocer lo que pudo haber sido y no fue, no tienen más que pinchar sobre la imagen. Les advierto que no tiene desperdicio. Tal vez ahora comprendan por qué no olvido esta fecha. Será que ademas, paradojas de la vida, coincide con mi cumpleaños.

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