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Por fin todo está dilucidado. Ahora que los jerarcas con mando en plaza, o sea, el Gobierno de Castilla-La Mancha y la Administración concursal, han confirmado el cierre del colegio ‘Luz de Yebes’, comienza la colosal tarea de exigir la educación pública en nuestro municipio. Hasta hoy, una reclamación timorata. Con la boca pequeña. Porque no había que lesionar los intereses de los gestores del centro ni arruinar la exigua demanda que concitaban los servicios educativos del ‘Luz de Yebes’. Es hora de recuperar aquella exigencia. De coger el toro por los cuernos. Pero para saber adónde vamos, conviene recordar de dónde venimos.

2007. Cuatro años tiene mi hija cuando la matriculo en el colegio con la ilusión de un principiante. Por aquel entonces trabajo en Madrid y tengo que dejarla a las 7:30 h con el sueño perturbado aún reflejado en su rostro. ¡¡Ufff, qué duro es!! Doce horas después y a toda pastilla por la R-2 para llegar a tiempo, la recojo a mi vuelta. Allí siguen los montículos de tierra, las vallas desvencijadas y el material de obra desparramado. Obras inconclusas en las que se respira cierto aire de ciudad sitiada y en reconstrucción. Por aquel entonces mi ánimo es el mismo que el de tantos nuevos vecinos. El AVE está al caer, el futuro por hacer y las lomas de escombros desaparecerán como por ensalmo para dar paso a un centro escolar imponente que, para más inri, será gratis para los empadronados con un convenio ‘ad hoc’ firmado con la Junta del PSOE.

La realidad supera a la ficción. Mientras las obras se estancan, los padres nos apiñamos entre esperanzas rotas y encofrados sin terminar. Se difiere ‘sine die’ la posibilidad de que nuestros hijos tengan un entorno adecuado y en pleno invierno la clase de gimnasia se imparte en un pasillo de la segunda planta. Aparecen entonces los primeros problemas de gestión. La Junta Directiva cambia de manera errática los horarios del complemento educativo, del pago obligatorio, que obliga a las familias a hacer malabares con el dinero y los horarios de ingreso y recogida. A partir de 2008 la sangría es patente. El centro no ofrece garantías a las familias y muchos se preguntan si aquel sueño roto se prolongará un año más. La confianza en el único recurso educativo gratuito para los vecinos empieza a resquebrajarse.

2009. La cooperativa que gestiona el centro entra en concurso de acreedores. La suspensión de pagos queda en manos de tres administradores concursales, que deben pilotar la fase voluntaria del concurso. Un mazazo para los padres. Si los interrogantes siguen en el aire con esa foto fija de los materiales de construcción a la intemperie y de nuestros hijos entre alambradas y palés abandonados, aquello augura una muerte anunciada y no muy lejana.

2011. Elecciones locales. Consciente de la magnitud que el colegio tiene como estímulo para las familias residentes y los nuevos vecinos, el Gobierno salido de las urnas concreta los primeros apoyos. Nuestro acercamiento a la Dirección incluye el ofrecimiento en la búsqueda de un gestor profesional y de inversores cualificados. El no del colegio sorprende por insólito. No hay peor enfermo que el que no se deja ayudar. El desencuentro de los responsables del centro con los padres está a la orden del día. Las sucesivas AMPA no son capaces de aunar los intereses de las familias. La pérdida de niños matriculados sigue ahondando la brecha en la que se hunden las maltrechas esperanzas de profesores, familias y hasta del Ayuntamiento.

2012. El año del verdugo. El convenio de gratuidad para alumnos empadronados sigue en vigor y garantiza la educación gratuita. Pero el Gobierno de Mª Dolores de Cospedal no quiere ese acuerdo, que es una herencia del PSOE del sr. Barreda. Una excepción en un colegio laico y un ayuntamiento que deja de ser un reducto del PP. El alcalde y algunos concejales acuden a Toledo para entrevistarse con el Viceconsejero de Educación, la Directora General y los representantes de la cooperativa ante la preocupación que suscita la posible no renovación de un convenio de revisión anual. Cinco reuniones y ningún consenso. Las palabras de tranquilidad del segundo de a bordo de la Consejería aún resuenan en la memoria. ‘No os preocupéis, buscaremos la fórmula para que los empadronados sigan teniendo educación subvencionada en el municipio’. Hablan de sustituir el convenio por un importe por alumno igual al desembolsado a los centros con concierto. Para todos sin excepción.

El remedio es peor que la enfermedad. El Gobierno regional comunica al centro que a partir del próximo curso funcionará en régimen privado al no prosperar la petición del concierto y negar  la renovación del convenio de gratuidad. Con alevosía y en plena canícula veraniega, la Junta de Comunidades o, lo que es lo mismo, el PP de la Sra. Cospedal, anuncia a bombo y platillo un concierto para una clase con siete alumnos y otra de veinte. No es gratis. A cambio, el centro condona la deuda de 270.000 € que le debe el Gobierno regional. El veredicto es de pena de muerte y el éxodo de los padres supone la salida sin retorno del centro del 70% de las niñas y niños empadronados en Yebes y Valdeluz. Pintan bastos y el ‘Luz de Yebes’ boquea cual perca en anzuelo sin posibilidad alguna de recuperar el alumnado de años anteriores.

Pese al varapalo, el Ayuntamiento no desiste en su apoyo al colegio. Suscribe un convenio para subvencionar las plazas de Educación Infantil que la Junta de Comunidades tenía homologadas. Pero ni aun así. De un total de 80 plazas disponibles solo se cubre un tercio de la capacidad y apenas una veintena son usuarios empadronados. Una proporción irrisoria en un municipio con más de 150 niños entre cero y 3 años. El pasado mes de junio a punto estuvo de firmarse otro convenio para ampliar el servicio a julio a petición de los propios padres.

Y fin de la semblanza. Es el bosquejo de unos hechos que viví en primera persona como padre y ahora como político desde el Ayuntamiento. Por eso me sorprendió la cáustica reacción de varios padres en la reunión que mantuvimos con ellos la semana pasada y en la que imputaban falta de coraje y reacción al Ayuntamiento y, en contraposición, alababan a la Junta de Comunidades su disponibilidad. Muchos desconocían que el cúmulo de ruinas que flanquean la entrada del colegio al que acudían sus hijos amenazaba con el cierre desde 2009. Entiendo que cuando se habla de infancia, de nuestros hijos, debemos ser más ecuánimes y analizar los sucesos con tanta perspectiva como frialdad. Y en ocasiones los hechos son tozudos. La Junta de Comunidades se cargó el cole en 2012 y lo sabía de antemano. La Junta Directiva del centro ha sido muy torpe en su cometido al frente del proyecto educativo.

El Ayuntamiento, este que no el anterior, ha hecho todo lo posible e imposible para dinamizar la actividad extraescolar e impulsar el proyecto “Luz de Yebes”. Eso no ha sido óbice para que los vecinos hayan alentado a la Administración más cercana a buscar soluciones. Comprensible, por otra parte. El compromiso es ofrecer remedios hasta donde podamos y nos permita la ley. Y cuando la norma impida actuar, esgrimir nuestra resolución para demandar y exigir los servicios que nuestros ciudadanos se merecen. Porque nuestra responsabilidad es generar expectativas y condiciones de vida dignas y de calidad. Disponer los instrumentos necesarios para que otras instituciones destinen los recursos imprescindibles a Yebes. Que está en juego el futuro de nuestros hijos, por supuesto. Por nuestra parte, el compromiso con esas familias es ineludible. Los apoyos explícitos que se recaben cuando haya que exigir el derecho a la educación en nuestro municipio demostrará el interés certero. Contamos con ustedes. Sin condiciones y en positivo.

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