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Han concluido las fiestas. Intensas para los vecinos, maratonianas para el Gobierno municipal. Y el balance invita a la reflexión. Hemos aumentado de manera considerable lasactividades en los dos núcleos. Del rancio programa de 2010 que el PP dosificó con nueve actividades en Valdeluz y treinta y una en Yebes, hemos pasado a celebrar 29 eventos en el pueblo y casi los mismos en Valdeluz. La diferencia además está en las personas. Los concejales y el personal de confianza nos hemos multiplicado para atender y supervisar cada uno de los actos. Lo mejor ha sido la satisfacción de ver desperdigados a los vecinos por allá y por acullá. Chiquillería y mayores en sus propios espacios y una programación que ha abarcado todos los gustos.

Habíamos llegado a estas fiestas con el sambenito de los sueldos. Desde los frikis por la libertad digital hasta los héroes de agosto por las tradiciones, no paraban de repetir que se gastaba en sueldos lo que no invertíamos en fiestas, empleo o educación. Un recurso simplón del PP que calla algo que es capital. Los dineros del capítulo 1 que computan los sueldos de los cargos y del personal eventual en ningún caso pasarán a engrosar las partidas de inversión o educación. Por ley. Pero a cambio sirven a su propósito. Que no es otro que generar un caldo de cultivo, tan iracundo como ofensivo, contra los concejales de 40 Compromisos y del PSOE.

Le interesa al Partido Popular crear una corriente de opinión que en las redes sube de tono, sobre todo, cuando de vecinos no empadronados del pueblo se trata. El enfrentamiento verbal y las descalificaciones se descontrolan cuando los yeberos de quincena, esos que invocan las tradiciones y estaban missing cuando faltaban autobuses o atención sanitaria, se indignan por una orquesta o los pasodobles. Entonces no faltan voces, que el PP y sus seguidores se encargan de alentar, que por fiestas campan a sus anchas en el pueblo y no en Valdeluz. Insultar en este municipio sale gratis, de momento. Nos han llamado de todo. Dicen que va con el cargo. “Otros llegarán que buenos nos harán”, me susurran al oído.

Por fin el PP tuvo lo que llevaba persiguiendo. El día del pregón se oyeron voces de descontento. “¡Fuera, vete a Valdeluz!”, chillaban algunos. Otro vecino, célebre por sus repetidas salidas de tono, increpaba al balcón de autoridades mientras muchos más vecinos le invitaban a deponer su grotesca actitud. Y pasó lo que no tenía que pasar. Andaban buscando unos y otros, los peperos y los minigurús punto cero, soliviantar los ánimos y lo consiguieron. El sábado, festividad del patrón para más inri, el pueblo amaneció plagado de insultos humillantes y amenazas de muerte al alcalde, al concejal que suscribe y a su esposa.

El día grande de las fiestas, la iglesia parroquial fue mancillada y vejada por un descerebrado o un hatajo de cobardes. Los yeberos pudieron leer avisos de muerte en las paredes. No eran pintadas divertidas. No destilaban ningún tono jocoso. No sonaban a chiquillería. Nadie puede tomarse a guasa una amenaza de esta índole. Nadie no: el Partido Popular, los defensores de la tradición o los libertadores 2.0, no consideraron relevante defender el respeto como norma de convivencia. Las redes, tan activas días antes de críticas y descalificaciones, enmudecían de manera vergonzante. El silencio ante la barbarie era una triste rúbrica para tan bochornoso percance. Su preocupación era para con el santo. Al patrón, ni tocarlo. A los concejales y sus familias, a las personas, que les zurzan.

Decidimos no asistir a la misa ni al aperitivo. La herida estaba demasiado reciente y había que evitar cualquier altercado o provocación. Que esos que poco o nada tienen que perder se cargaran de razones. No en una plaza repleta de niños y familias. Tras el desagradable suceso, seguimos trabajando al pie del cañón. Con absoluta normalidad. Empeñados en lograr que las actividades festivas no se vieran alteradas en lo más mínimo. Las fiestas debían continuar y nada ni nadie nos iban a quitar la satisfacción de culminarlas con éxito. Estoy convencido que en la mayoría de los hogares se han suscitado preguntas y respuestas. Confío en que, después de lo acaecido, consideren el futuro que todos tenemos por delante si decidimos seguir por esta senda de odio y exclusión, de connivencia con los violentos. Con el diálogo ganaremos más. Yebes ha cambiado y nos iría mejor a todos si reconociésemos de una vez por todas esa realidad. Hay un nuevo municipio. Ni mejor ni peor. Que seguirá creciendo entre todos y en positivo.

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