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Palacio de la Moncloa. 26 de julio de 2013. Festividad de San Joaquín y Santa Ana. Viernes negro. El Consejo de Ministros acaba de perpetrar la mayor agresión de la reciente historia democrática de este país contra la autonomía de la inmensa mayoría de los ayuntamientos. Por imperativo legal, que es como le gusta hacer las cosas a este Gobierno. Es la tan cacareada Ley de Reforma de la Administración Local, que ha provocado el toque a rebato en la práctica totalidad de los municipios y una marejada de fondo en las filas del propio Partido Popular. Una desobediencia razonable por parte de las Entidades Locales cuyos ediles se niegan a que sus municipios queden reducidos a la mínima expresión. Sin olvidar el varapalo del Consejo de Estado, que barrunta la posible inconstitucionalidad de la ley, y de la Federación Española de Municipios y Provincias, que está que se sube por las paredes.

Pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino en aras de eliminar los servicios duplicados y definir las atribuciones de los ayuntamientos. ¡¡Paparruchas!! Es mentira que esta ley clarifique competencias y racionalice la estructura administrativa. En la práctica, es un cheque en blanco para que el Gobierno haga y deshaga a su antojo, una injerencia en toda regla y un ejercicio de despotismo sin precedentes. Es mentira que potencie el papel de las Diputaciones. En la práctica, es una privatización encubierta de servicios como la copa de un pino. Es mentira que vaya a suponer un ahorro de 8.000 millones de euros. En la práctica, es una cortina de humo para no meterle mano a la deuda galopante de la Administración central y las Comunidades Autónomas, que se eleva a casi 950.000 millones de euros. Para no afrontar el asunto de la financiación local, que es el auténtico quebradero de cabeza de los ayuntamientos. Pero no quiero desviarme del tema que me ha traído aquí. Hoy quiero hablarles de una de las medidas que contempla, esa que fija los sueldos de los cargos municipales electos y los puestos de libre designación.

En un ejercicio de travestismo sin parangón, el Gobierno se ha ido despojando de los atuendos que le apretaban el cuello para llegar a la pasarela con un guardarropa impoluto. El plan inicial era reducir el número de municipios. ¿Cómo se iba a orquestar? Con la fusión de ayuntamientos y la desaparición de multitud de concejales. Pero el tumulto fue de tal magnitud que los alcaldes amenazaron con la rebelión. Y hubo que cambiar los planes sobre la marcha. Esa reducción no se llevará finalmente a efecto. Como tampoco la supresión de funcionarios por Decreto. A cambio, otra decisión de amplio calado populista. Para que la calle se quede conforme. La limitación del número de trabajadores eventuales y el jornal de los alcaldes y concejales, con un techo de 100.000 euros y en una proporción equivalente al sueldo de un Secretario de Estado, ¡qué culpa tendrá él!, en función de los tramos de población. Para un municipio de la enjundia del nuestro, con un censo inferior a 5.000 habitantes, le corresponderían un máximo de dos liberaciones completas con un salario equivalente al 30% del sueldo del mencionado alto funcionario, en torno a unos 30.000 euros. Con la ley en la mano, habría que prescindir del personal eventual que presta un servicio irremplazable en nuestro municipio.

Aunque con algún reparo que otro, lo del recorte de sueldos de los concejales electos no me parece mal del todo. Lástima que no se hiciera mucho antes. De haber sido así, se hubieran evitado aberraciones tales como que en 2006 los sueldos de los munícipes de Yebes costaban nada menos que 243 euros al bolsillo ciudadano por persona y año. O 192 € en 2007. Hablamos de jornales de 43.000 euros para el alcalde y 25.000 € para los concejales de un municipio que hace seis años no llegaba a los 300 habitantes. Así, como suena.

Este Partido Popular de Yebes en caída libre, que repite hasta la saciedad cual gallina clueca ese discurso de la indignación a costa de los sueldos del actual Gobierno, prefirió entonces hacer mutis y correr un tupido velo cuando tenía motivos más que de sobra para poner el grito en el cielo. Ni una queja ni un reparo, mire usted. La callada por respuesta. Hoy, el coste de los cargos electos y el personal de confianza no supera los 100 € por habitante y año. Menos de lo que cuesta una sesión de cine con palomitas de una familia. Huelga cualquier comparación. Es que ni se le parece.

Y si hablamos del rédito que obtiene el ciudadano a cambio de esas liberaciones, no hay color. En los tiempos del PP era la dejadez e ineptitud más absoluta. Un cero a la izquierda. Dos años después, el nivel de servicios que disfrutan los vecinos en nada se parece a lo de antaño. Bibliotecas, autobuses, consultorios médicos dignos, Protección Civil, Escuela de Música, cursos, talleres, eventos culturales y deportivos, jardines perfectamente cuidados, guardería infantil, ludoteca municipal, red wi-fi gratuita, Agencia de Desarrollo Local, fiestas patronales en Valdeluz, el polideportivo municipal, tienda en Yebes o el Aula de Astronomía. Y suma y sigue. Digo yo que algo habrán tenido que ver los políticos a sueldo en la consecución de estos logros.

Decía que estoy de acuerdo con la medida, pero con alguna objeción que otra. Y no es pecata minuta. No es casualidad que seamos el municipio de España que más ha crecido en población en la última década. Ese desarrollismo constante está creando y sentando las bases de multitud de servicios y prestaciones de los que carecíamos y que son imprescindibles para afrontar el futuro. Estamos poniendo a Yebes y Valdeluz en el mapa. Seguro que lo han notado. Y eso no se logra repantigado en el sofá y mirando a las musarañas. Es fruto del trabajo, la dedicación y de echarle unas cuantas horas. Y no precisamente de las que sobran en los ratos libres, que también, sino de las que requieren estar al pie del cañón. De las que hay que sufragar.

Con este drástico recorte lo único que conseguirán es que mucha gente dispuesta y útil, con verdadera vocación de servicio, renuncie a incorporarse a la política local, que es la más capaz para resolver los problemas ciudadanos. No por falta de ganas precisamente, sino porque la gente tiene la mala costumbre de comer todos los días. Por eso, estoy en desacuerdo con las restricciones en el personal eventual. Ese que no sabe de horarios, de productividad ni de extras. Que vale para un roto y un descosido. Sábados, domingos y fiestas de guardar.

Para uno que vive de su trabajo en Madrid y que le dedica al ayuntamiento el tiempo que le quita a su familia, el soporte de este personal de confianza es imprescindible. Que no me vengan con monsergas de que los funcionarios y empleados públicos tendrán que reciclarse y desempeñar las funciones que realizaban los eventuales. Eso denota una supina ignorancia de la idiosincrasia del funcionariado. Bastante tienen con lo suyo como para que ahora vayan a encargarse de elaborar dosieres documentales, redactar cartas, contactar con proveedores, aplicarse en normas de protocolo, escribir notas de prensa, maquetar y editar la revista municipal, controlar y gestionar las visitas al Aula de Astronomía, diseñar cartelería y folletos, subir contenidos a la página web, supervisar las redes sociales, grabar en vídeo los Plenos y actos institucionales, llevar la agenda de la Alcaldía y el resto del equipo de Gobierno, atender a los medios de comunicación o convenir los actos del programa de fiestas. Amén del lógico apoyo que requieren todas y cada una de las concejalías. Solo por poner algunos ejemplos. Y todo ello por el mismo precio. ¡Vamos, que esto no se le ocurre ni al que asó la manteca!

Buena parte de mi labor como concejal está apuntalada sobre el sordo trabajo de este personal de confianza, tan denostado como necesario. Allá donde yo no estoy por motivos laborales, están ellos. Sé que puedo delegar con absoluta tranquilidad. Si no fuera por este respaldo y las benditas nuevas tecnologías, mi responsabilidad sería mucho menos llevadera. Yo comprendo que a una oposición acostumbrada a la opacidad y el silencio, a hacer de su capa un sayo, le escueza que los vecinos tengan acceso a la información. O que este sea un municipio emergente con un nivel de actividad que para sí lo quisieran otros de rango similar. En Yebes y Valdeluz ya no se estila el hermetismo, la intransigencia y el favoritismo de ayer.

El Partido Popular de Yebes no ve llegado el día en que entre en vigor esta ley intervencionista. No me extraña. Otros tendremos que redoblar esfuerzos para seguir realizando nuestra labor con unas mínimas garantías. Ese fue el compromiso que adquirí al concurrir en una lista electoral y aceptar el cargo para el que me eligieron mis vecinos. Y lo cumpliré hasta el final. Es la arista más puntiaguda de una norma que supondrá el principio del fin de los ayuntamientos. Pero eso será otra historia y otro capítulo que les relataré Dios mediante.

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