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Tengo la mala costumbre de repasar a diario los periódicos. En papel y digitales. Corruptelas y corruptos inundan los titulares. Ya no me sorprende tanta procacidad como abunda entre nuestros gobernantes. Hoy, la mentira a sabiendas se sienta en el Consejo de Ministros. La marca España cotiza a la baja y cada vez tiene menos valía en el contexto internacional. El gafe de Rajoy no tiene límites. ¿Estos son los políticos que merecemos? A tenor de las escasas críticas que suscita la estafa de este Gobierno entre mis vecinos, yo diría que sí.

Uno es un recién llegado a este berenjenal. Hoy soy político, ejerzo de tal y cobro por ello. Vine con unos deberes meridianamente claros, que están en un programa. Y con la ilusión de transformar la realidad que antes no me gustaba. Esa que nos legó el Partido Popular. Tras 37 años de experiencia laboral en la empresa privada, me considero un gestor de lo público. Acabamos de culminar dos años de mandato y el balance de gestión tiene superávit, cumpliendo los deberes que nos impusimos ante los vecinos.

Tengo frescas en la memoria las amargas críticas que llovían sobre el presidente Zapatero y mi partido antes de las elecciones. Era el AVE o el acceso a Guadalajara por la N-320, la educación, la sanidad o los autobuses y, ¡cómo no!, la crisis inventada por él. Cualquier excusa era válida para la diatriba o la demonización. Bullía facebook de fervor patriótico y antizapateril. Todo parecía poco para tanta hiena como pululaba por aquel entonces. La prensa y las televisiones no ahorraban en conjuros, y eran caldo de cultivo para sabios y tertulianos, que tenían la solución absoluta, inmediata. Parecía tan fácil.

Y en estas estábamos cuando llegó el PP. Y probó de su propia medicina. Tanto despotricar de España y su déficit que consiguieron el objetivo: generar desconfianza y ahuyentar a los inversores. La prima de riesgo ha batido records de infarto con Rajoy. Ahora resulta que la crisis no era cosa de Zapatero. La culpa es de Grecia, la Unión Europea o la Virgen del Rocío, que a cualquier coartada se agarran los iluminados que dirigen ahora esta piel de toro esquilmada por sobresueldos y mamandurrias.

Lo peor quedaba en casa. Esos indecentes recortes. En contra de las teorías keynesianas, que abogan por estimular la economía con medidas expansivas desde el Gobierno, aún con déficit, el Partido Popular llegó con la mentira debajo del brazo. Se les llenaba la boca con el crecimiento. Pero en la práctica, han decapitado el Estado de bienestar. Cuarenta años de mejoras y derechos en la sanidad y educación públicas tirados por la borda en un santiamén. Y no se escuchan las críticas a pie de calle, oiga. Las redes sociales no son un hervidero como antaño. Aquí nadie despotrica. No escucho a vecinos coléricos por la infame situación a la que nos han abocado. ¡Qué buenos vasallos si tuvieran buen señor!

En Yebes, como en el resto de los municipios de este país, el IBI sigue al alza. Y aún habrá que dar las gracias. Porque el Gobierno de la nación decidió por Decreto Ley incrementar en 2011 este impuesto en un 10%, subida que aquí no se hizo efectiva porque la ponencia marco se había revisado en los años del boom inmobiliario. Pero nadie maldice contra del PP. Al contrario, los vecinos claman contra el ayuntamiento porque tiene un IBI muy caro. De nada sirve explicar que hemos reducido de forma gradual el tipo impositivo, que es la única medida que puede aplicar un ayuntamiento para atemperar el tributo catastral. Aún no he escuchado a nadie pedirle explicaciones al Partido Popular por estas subidas desorbitadas del Impuesto de Bienes Inmuebles. Será cosa del terruño.

La conclusión es palmaria. Estoy rodeado de vecinos que votaron de buena fe al Partido Popular. Que estaban convencidos que la crisis era cosa de Zapatero. Que pensaron que el cambio era necesario. Y ahora tienen temor de Dios. De expresar su hartazgo por las mentiras del Gobierno al que eligieron. De confesar el asco que les producen unos políticos que están hundiendo a España en la miseria. Mientras ellos, la Sra. Cospedal incluida, ingresas dos y tres sueldos. De denunciar, como lo hacían antes de 2011, que el transporte, la sanidad y la educación son servicios esenciales que bien merecen la inversión pública. De protestar por una escalada abusiva de los impuestos que no favorecen ni el empleo ni el crecimiento. De acusar directamente a Rajoy de su responsabilidad en la estafa que supuso el programa del PP. En su necesaria complicidad en los sobres y mamandurrias de la Gürtel y el pagador Bárcenas.

Prefiero pensar que ese mutismo obedece a la buena fe defraudada, a la vergüenza del error consentido y no al silencio de los corderos o, lo que es peor, a la complicidad entre hienas. Yo sé que hay esperanza, que a todos nos une mucho más de lo que nos separa. Que los vecinos tienen ojos para ver y comprueban que, más allá del deplorable espectáculo de corrupción que nos depara la prensa diaria, hay más servicios a las puertas de sus casas. Que ante el cierre de las urgencias, de los colegios, y el recorte de autobuses del PP en la Junta, Yebes y Valdeluz mejoran. A pesar de las hienas que ayer gritaban y hoy callan. Que el silencio es producto de la impotencia ante tanta mentira descarada. Soy positivo por naturaleza y creo a pie juntillas en la fuerza de los hechos. Aquí en Yebes hemos demostrado que hay otra manera de hacer las cosas, en favor de todos. A pesar de los corderos y las hienas.

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