Twitter


Artículos
diciembre 2018
L M X J V S D
« may    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

Si tienen curiosidad, les daré una pista. Ni tiene precio, ni está a la venta. En mi caso, llegó de la mano de los niños y niñas del colegio público nº 2 de Horche. De unos ensimismados aprendices que, absortos y curiosos, se interesaban por el Universo que nos rodea. Que al salir y con un guiño de complicidad, me confesaban su asombro tras asistir a una sesión en el planetario del Aula Municipal de Astronomía.

Durante dos días, el Planetario ha recalado de forma extraordinaria en el colegio de Horche a modo de aperitivo de lo que es y significa Astroyebes. El centro educativo de nuestro

vecino municipio congrega a cerca de doscientos escolares de Yebes y Valdeluz que aún no conocen el aula. No en vano, se inauguró con el curso escolar ya iniciado, lo que ha supuesto un problema de agenda para muchos colegios. Pero quisimos hacer una excepción dado el elevado número de alumnos de nuestro municipio que cursan aquí sus estudios, lo que suponía un estímulo añadido para acercarles esta ventana abierta al cosmos.

Dado que los monitores no pudieron hacer frente a ese compromiso, me tocó a mí la tarea de conducir las proyecciones. El reto no era moco de pavo. Cuatro pases por día con niños de 3º, 4º, 5º y 6º de Primaria y sus respectivos profesores, por los que desfiló un aforo aproximado de más de 250 colegiales. La misión era armonizar los contenidos que se estudian en cada curso y relacionados con las materias de Geografía y Astronomía, con los recursos disponibles del planetario. De una manera amena, divertida y práctica.

Por expresa voluntad de mis convecinos, hoy ejerzo de político y me ocupo de las parcelas del Desarrollo Local y Empleo. Los que me

soportan a diario me atribuyen la culpa del Aula de Astronomía. Y no negaré que ese mérito me llena de orgullo. En el PSOE ya dejamos claro allá por abril de 2011 nuestra intención de promover el uso del Observatorio de Yebes como recurso divulgativo. El PP de Yebes nunca creyó en las posibilidades de esta instalación y prefirió darle la espalda. Me importan poco los rifirrafes sobre si la idea original fue de este o aquel. Es una discusión estéril que nada aporta a la vista de la contundencia de los hechos, de las realidades. Hemos sumado esfuerzos y con el apoyo de los mejores en su campo, el Grupo Kepler y el Instituto Geográfico Nacional, lo hemos conseguido.

Ni por asomo creí que la puesta en marcha del Aula Municipal ‘Astroyebes’ me iba a suponer un esfuerzo suplementario. Ni más ni menos que familiarizarme con la astronomía. Que iba a desenvolverme con soltura en el manejo de un planetario digital. Como podrán suponer, no ha sido nada fácil. Supongo que alguna vez se habrán visto en el brete de tener que aprender a la carrera una nueva habilidad que, sin comerlo ni beberlo, te termina enganchando. Y hasta encandilando, diría yo. El estudio de nuestro universo más cercano te descubre lo pequeños que somos, lo solos que estamos. Y sobre todo, la inmensa riqueza que ese conocimiento aporta a nuestros hijos e hijas. Una práctica habitual en países avanzados como Japón o Estados Unidos.

Imagino a alguno rumiando la crítica fácil. ¿Cómo es posible que un concejal se transmute en divulgador astronómico? Pues con esfuerzo y voluntad. Y con mucha ilusión. Para someterse al veredicto de unos jueces mucho más severos y críticos que los habituales charlatanes del entorno 2.0. Los niños y profesores del colegio de Horche tenían la última palabra. Con ayuda de sus preguntas y exclamaciones de sorpresa, recorrimos la distancia virtual entre el sol y las estrellas. A oscuras y con la complicidad de las imágenes proyectadas sobre la parábola del Planetario, las sesiones de 40 minutos pasaron rápido. Fenómenos como la eclíptica, el meridiano o la estrella polar como puntos de referencia. La rotación y los tipos de planetas explicados desde nuestra propia galaxia. Descubrir el secreto de las fases lunares, conocer nuestro sistema solar y navegar entre los anillos de Saturno. Para poner fin a tan apasionante viaje en el mismo lugar que ocupamos en la Vía Láctea.  Y todo esto es posible gracias a la intercalación de vídeos y explicaciones que ponen luz a la penumbra del planetario. El silencio de los niños mientras seguían con la mirada las imágenes solo era interrumpido con los gritos de asombro que provocaba la caída sobre sus cabezas de un meteorito o el descubrimiento de la Osa Mayor con la historia de Calixto y Artemisa.

Confieso que no estaba preparado para la grata experiencia de atisbar la sonrisa de agradecimiento de un niño, la gratitud de su profesor. Ese tímido gesto compensa los quebraderos de cabeza para firmar acuerdos y convenios que permitieran echar a rodar este invento que, como Zamora, no se conquistó en una hora. Detrás hay muchas horas de redacción de proyectos y programas, de confección de maquetas, de búsqueda de contenidos, de portadores de bocadillos para los desayunos, de nuevos espacios para incorporar a las visitas. Para que al final te pongan en el disparadero porque resulta que el mérito es de otros, de los que no están ni lo estuvieron nunca, de los que no se reunieron, ni escribieron, ni acudieron a la inauguración porque tenían cosas mejores que hacer. De quienes ni tan siquiera conocen el proyecto ni les interesa lo más mínimo. Es ahora cuando he obtenido la recompensa a ese ingrato trabajo.

En estos tiempos de fariseos y falsos indignados, ahora que la ética se ha convertido en un artículo zafio, de mercadillo cutre, jaleada por cualquiera que se siente ofendido, yo he recibido el mejor regalo. Nada como la sonrisa de un niño. Y aún digo más: el reconocimiento de quienes, unos días después, se acercan sin rubor para confesarte el grato recuerdo que les dejó aquella sesión. Los niños no necesitan mentir. No saben de colores políticos, de intenciones maniqueas. Juzgan lo que haces, no lo que dices que haces. Los niños no saben de afirmaciones pomposas porque no sirven para nada en su mundo de juegos y amigos.

Espero que ustedes también encuentren un regalo de vida fuera de las mentiras habituales. Y que la realidad, que no los discursos, les ayude a descubrir, como a los niños, quién es quién. Que recuerden lo poco o nada que hicieron algunos durante treinta años en Yebes. Con la bolsa repleta y huérfanos de ideas. El Aula de Astronomía seguirá generando interés en los más pequeños y hasta en los mayores. Seguirá siendo el baluarte de una marca identitaria, la del Municipio Estrella. Será con nuestro esfuerzo. Para seguir despertando la curiosidad y las sonrisas infantiles, que es la mejor herencia de un futuro mejor. Aquí, en Yebes. Un regalo impagable.

Deja un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.