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Hace unos días y mientras atendía a un grupo de vecinos que iban de visita al Aula Municipal de Astronomía, entendí el sentido de una de esas reglas no escritas que concede la vida.

Que se emboscan en el día a día pero en realidad están a la vuelta de la esquina. Algo tan sencillo como la existencia que nos rodea. Tan enfrascados estamos en la tarea cotidiana de andar, de ensamblar los actos propios de manera coherente y conforme al plan previsto, que con frecuencia solo atisbamos las huellas de nuestros propios pasos. Aunque el camino es el mismo de todos los días, entre el ruido de las críticas y los cambios de última hora, no distinguimos el bosque.

Más allá de la prosaica definición de DESARROLLO LOCAL que figura en la web municipal, confieso que es complicado resumir de forma breve y concisa los contenidos de la concejalía que dirijo. Una de las herramientas en cuyo manejo cualquier responsable o directivo de una empresa privada ha de ser ducho, se conoce con el anglicismo de ‘elevator pitch’. O lo que es lo mismo, cómo explicar lo que haces en el trabajo o para qué sirve tu producto o servicio en el lapso de un viaje en ascensor.

Y por fin he dado con el quid de la cuestión. La forma de definir rápida y sencillamente el concepto de ‘desarrollo local’. Con una explicación sencilla a la par que breve. Tanto que lo que me empeño en hacer desde que allá por el mes de junio de 2011 el PSOE tuvo la oportunidad de integrarse por vez primera en el Gobierno municipal, cabe en lo que se tarda en subir del bajo al quinto piso. La tarea en la que llevo enfrascado desde hace casi dos años no es otra que crear las condiciones idóneas para llenar las calles de vida. Para mejorar el bienestar y la calidad de vida de los vecinos. Que no es una frase hecha sino una manera de concebir la gestión pública, de apretarse los machos.

Nada mejor que describir la imagen de aquel día al que me he retrotraído para que entiendan el sentido de mis palabras. Camino por Valdeluz y el gentío que acude al mercadillo de los sábados se cruza ante mí. Una cita semanal que tiene ya su propio y fiel público. Mientras tanto, la biblioteca reúne a los habituales del curso de ajedrez, de todas las edades, que se entremezclan entre los lectores, usuarios frecuentes de la sala. De forma simultánea escucho los ecos de las conversaciones que llegan desde los huertos urbanos, donde las familias se distribuyen las tareas en sus recién estrenadas parcelas. A gusto y bajo un sol primaveral que engaña, afanados en una rutina que acaban de incorporar a sus vidas. Minutos después, recojo a un grupo de vecinos que, convocados por la biblioteca, tienen su primera cita con Astroyebes, el aula que se ubica en el observatorio, a un par de kilómetros del pueblo de Yebes.

Resulta enormemente gratificante descubrir que la calle de la otrora ciudad desolada, ofrece hoy a los ciudadanos alternativas de ocio y vida para todos los públicos. Que aquella ciudad fantasma que el PP de Yebes abonó de soledades, que agonizaba por la insolvencia de un partido que llevaba 30 años subido al machito, ahora reinvierte en favor de un futuro común con la fuerza y la voluntad de los hechos.

Han transcurrido dos años y Yebes exhibe otra cara. Creamos la marca ‘Municipio Estrella’, esa que los agoreros de turno se empeñaron en denostar, y hoy Astroyebes es un éxito incuestionable. Con cerca de 3.000 visitas en apenas seis meses. Creímos y pudimos. Yebes asoma con letras mayúsculas en el ancho mapa nacional de la divulgación científica. Aquel día de marras, un nutrido grupo de ciudadanos de Valdeluz coparon los dos turnos de visitas en el Aula de Astronomía. Una semana antes habían sido otras dos tandas completas de vecinos del pueblo, que no ocultaban su asombro. Porque todos los esfuerzos dirigidos a mejorar el municipio abogan por el necesario desarrollo local. La gente que participa de las actividades y servicios que hemos puesto en marcha desde el Ayuntamiento es la prueba evidente de que vamos en la buena dirección. Queda mucho por hacer y lo sabemos. El bosque se vislumbra en el horizonte y el camino está a medio recorrer. A pesar del ruido, de los intereses pérfidos de los que viven instalados en la queja, Yebes se escribe hoy en positivo.

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