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Parece mal momento para nombrar esa palabra que hoy tiñe el sombrío horizonte de una España en decadencia. Ese término que refleja el enorme abismo que hay entre las políticas de recortes y reducción de déficit con las promesas de empleo y crecimiento que queremos ver de una vez por todas. Rescate.

Sin embargo, rescate, ha sido también fuente de disfrute, siempre en el filo del bien y del mal. Canciones como “Rescue me” de Fontella Bass o “emotional rescue”, álbum de los Rolling en los ochenta, son la cara lúdica que han acompañado nuestra juventud. Hemos vivido también envueltos en rescates de cine, épicos , en secuestros , en vidas comunes y pequeñas, rescates de horas, de corazones. El rescate siempre ha sido sinónimo de final feliz, una liberación comprada donde el precio era lo de menos, importaba la libertad como fín, la calma emocional como destino, a cambio de cualquier sacrificio, del esfuerzo supremo.

Hoy no es así, el rescate nos acecha como un cúmulo nimbo algodonado, amenazador en su negrura desde un cielo crepuscular de verano. Hoy no afecta a alguien, nos señala a todos. Hoy no parece tener un desenlace feliz sino el principio de un largo cautiverio. Hoy el rescate amenaza la libertad, los servicios básicos y el estado del bienestar. Y al campo más, mucho más. España deja de ser un estado perceptor neto de ayudas para pasar a contribuir en el pago de la factura PAC a favor del desarrollo rural, de otros, las últimas incorporaciones al Mercado Común.

Pero que desarrollo? Hasta cuando veremos los campos llenos de girasoles inútiles? Es la ambicionada subvención de la PAC el único destino posible de nuestro sector agrario? ¿Por qué no se apoya la denominación de origen, la reconversión del sector a productos de calidad, diferenciadores, por qué no se apoya con programas específicos a los cultivadores y dueños de la tierra? ¿Por qué no se favorecen las cooperativas en la cadena de suministro y se regula la actividad de las grandes superficies en el proceso de compra? Otra batalla perdida ante los todopoderosos lobbys financieros en Bruselas?

Por eso hoy, desde mi ya gastado sillón, ante una miríada de girasoles ennegrecidos, abandonados a su suerte, triste rescoldo de una subvención agónica más prefiero hablar de rescate emocional. Miren Uds, nos pueden quitar todo lo que poseemos, ser despedidos, quedar sin subsidio, perder la casa, el vehículo, podemos empeñarnos para conseguir unos libros de texto, pueden hasta señalarnos, si no tenemos trabajo, como haraganes y penosos parias, o sea los culpables de tanto dislate financiero en este entorno neoliberal lleno de defensores de socializar las pérdidas y disfrutar las ganancias en solitario.

Pero, nunca, nunca deberían anular nuestras esperanzas, nuestra ilusión. Rendirse ante la negrura de una crisis que ya dura demasiado jamás.Y es aquí donde resisten los bastiones de la imaginación y la libertad. Los últimos reductos que resisten a los recortes y que aportan un resplandor en la oscuridad, las bibliotecas, sobre todo los bibliotecarios. En cualquier régimen totalitario, o prepotente como el que nos toca vivir ahora, en cualquier paréntesis de la libertad, lo primero que se recorta, inhibe, oculta y margina es la ficción, la magia de convertir la palabra en pasarela hacia la esperanza.

Apelo al rescate emocional, es en el mundo de las emociones de otros, o de las propias en otros, es en el mundo de las historias paralelas, de las vidas marcadas por otras crisis, por otros valores donde comprobamos que no hay abismo bastante para enterrar nuestros sueños más sublimes, que el sufrimiento, la pérdida es consustancial a nuestra historia, a la de todos.

Ahora está en manos del bibliotecario de pueblo encontrar las actividades, los libros, los grupos que destierren la apatía de los ciudadanos, de grandes y pequeños. Un trabajo arduo y no recompensado que sin embargo llena de satisfacción cuando compruebas que la semilla de la cultura ha calado en alguien.

Hago desde aquí un homenaje a todos los bibliotecarios, que en medio de los recortes siguen luchando para que ficción y realidad hagan de nuestro pulular diario un mundo pleno de color , lejos de los nubarrones institucionales, una revolución silenciosa entre tanta mediocridad neoliberal. Mi homenaje además , en especial , al bibliotecario de Yebes, abanderado impertérrito de la esperanza que además brega con dos bibliotecas, a cien manos, poniendo en marcha mil iniciativas para atrapar en la magia de la palabra a quienes se acercan a su red. Un rescatador, perdonen el término, que ayuda a mantener vivas las emociones, las positivas.

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