Soy de una generación donde la puerta del cole no era el comienzo de un exilio diario a mi casa.
Era la continuación del juego y la libertad para ir, acompañado de mis amigos por las calles de mi barrio. Chanzas, trueques y risas salpicaban nuestro regreso a casa. Nuestra madre esperaba, entre arrumacos y preguntas en un hogar, repleto de aromas sugerentes, de comida casera.
¿Cuánto de Uds. recuerdan esta imagen, este tránsito diario y alegre? Pues se va a quedar en eso, un recuerdo sin sombras en un presente vacío de juegos y de niños. Un presente salpicado de calles apresuradas, con madres nerviosas, agrupadas en torno a una parada, a la espera de sus hijos, pequeños , medianos y grandes que vienen de otro pueblo, otro cole en un
extremo situado a cinco, a diez o a cuarenta kilómetros. Madres con el alma en un puño, a diario, verán a sus tiernos infantes cruzar la provincia en el crudísimo invierno, impotentes. La escuela rural se muere, la educación, la puerta al futuro para los pueblos grandes y pequeños, es apartada de las prioridades del gobierno. La ideología, una vez más, gana la partida a la razón.
Si hay un detalle en la vida de los pueblos que genera cohesión social, que provoca crecimiento estructural, sostenido, de nuevos vecinos, de familias que buscan un nuevo comienzo es la educación, la de proximidad. El colegio vertebra la vida familiar en torno al núcleo del municipio. También da alas al comercio local y por tanto llena de vida las calles. Es desarraigo lo que sufrirá la infancia por la ausencia de colegios en sus propias localidades. Genera un sentimiento de trashumancia, de volatilidad que mina la sensación de pertenencia al grupo local. Lastra las actividades culturales y deportivas que podrían contar con la juventud, en su propio pueblo, porque los amigos, las confidencias, la tribu la han tenido que crear nuestros hijos lejos, donde cada mañana les llevan a la fuerza. ¿Es ese el futuro que queremos para nuestros jóvenes?
No les aburro más con el lamentable estado de la educación rural. Los despidos de profesores y la reestructuración de los Centros Rurales (CRA) es un contumaz ejercicio de ceguera estratégica que aboca al mundo rural a una muerte acelerada, a una desintegración medida y programada por un Gobierno carente de estrategia, al que los pueblos pequeños francamente no le importan y además no le preocupa que se sepa.
Hoy les traigo un ejemplo que pondría en un brete a más de un alumno de máster en administración pública o de sociología, un caso de solución clara y aplicación discutida. En Yebes, pueblo pequeño con una gran zona urbanizada conocida como Valdeluz, no hay colegio público. En 2005 el Ayuntamiento aprobó una concesión administrativa de suelo para un colegio privado que quería ser concertado. La crisis llegó, el colegio se quedó a medias pero en 2008 ya tenía alumnos. Pocos, pero fue creciendo. No obtenía el concierto, le faltaban alumnos, demanda en la zona e instalaciones pero la Junta como parche transitorio y en un intento de favorecer su viabilidad y de otorgar educación gratuita a los empadronados concede un convenio de gratuidad vigente hasta 2011.
Esta anómala situación ha mantenido a cien niños del municipio en el Colegio Luz de Yebes, sin necesidad de que se trasladen a Guadalajara o a Horche. El resto se reparte entre el colegio público que hay a 7 ms en Horche o bajan a los centros de la capital.
Ha llegado la Junta de Cospedal y después de marear la perdiz durante un año, igual que con el resto de la acción de gobierno, han quitado el convenio de gratuidad. ¿Saben dónde quieren mandar a los niños de Yebes y de Valdeluz? A Horche unos pocos, ya no caben más, y el resto a Pioz , si a Pioz, una carretera infumable de un carril por sentido con no menos de 20 curvas que les llevará a veintiocho kilómetros de sus hogares diariamente .
Resumiendo, este pueblo no tiene colegio público, con una población de dos mil cuatrocientas personas censadas y tiene un colegio privado de incierto futuro. Un mensaje envenenado a las familias, las que viven o las que están por venir, que posiblemente haya sido medido con detenimiento, con precisión milimétrica, como un jaque al pasillo que sitúa la torre del recorte educativo al lado de la casilla de Yebes, en algún despacho de Toledo, con resultado de muerte. Un favor debido a sus huestes de Guadalajara, todo queda en el partido, para eliminar competencia, sin importar los daños colaterales, o sea las familias de Yebes. Es Valdeluz, una zona en desarrollo anexa a la capital, la que más ha crecido en población en el último año que podía hacer sombra a alguien, por sus precios, su futuro, su AVE, sus terrenos para el palacio de Congresos, y por qué no? su equipo de gobierno comprometido con el crecimiento que ya no es un puñado de personas anclado en un pueblo olvidado encogido en sí mismo.
Ahora, con los datos en la mano, entenderán que en un pueblo grande como es Yebes cobra más fuerza todavía el factor de disuasión social que genera un vacío educativo como el que la Junta ha dispuesto para este municipio. Que no será en otras poblaciones más pequeñas, donde cada familia nueva es un preciado tesoro por el que competir en servicios, en atractivo.
Un futuro sin niños en las calles, solo corrillos de apresuradas madres y un largo éxodo de coches con infantes adormilados es lo que le espera a Yebes y al resto de los pueblos de nuestra vapuleada Guadalajara. No levanta cabeza el medio rural, tampoco la educación, condenamos a una generación a perder el recuerdo, el de la puerta del cole, un ancla emocional segura y que ahora se esfuma en un mar de recortes.