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Muchas veces habrán escuchado aquello de que una mentira repetida hasta la saciedad no se convierte en verdad. La frase original no es suya pero se le atribuye a Goebbels, responsable del aparato propagandístico del Tercer Reich. Dicen las crónicas que los incondicionales sucumbían a su oratoria y los rivales lo consideraban un temerario demagogo y agitador de masas. Hay por estos lares quien juega a emular esas despreciables prácticas sin medir las consecuencias. Que va de muñidor de entuertos sin dar la cara, que para eso ya tiene a otros que están encantados de hacerle el juego sucio. No me cabe duda que ese canalla terminará chamuscado en la hoguera de las vanidades.

Lo dicho viene a colación de un asunto sobre el que el Partido Popular de Yebes lleva dos semanas insistiendo de forma machacona. Con la intención de que termine haciendo callo. En la opinión pública y los vecinos de Yebes y Valdeluz. Ya si eso lo dejo caer y, si cuela, cuela. A propósito de ese viaje a Alemania que hice para asistir a la Space Tech Expo Europe en representación del Ayuntamiento y para conocer uno de los mejores planetarios del continente europeo. Porfían los populares que la razón de ser de ese periplo a tierras teutonas no era otra que coincidir allí con mi mujer para darme un homenaje a costa del bolsillo de ustedes. Así, porque yo lo valgo. Hay que estar muy desesperado o ser un miserable para acusar con tanta ligereza y felonía sin una sola prueba. Decidan ustedes.

Esta es la secuencia cronológica de aquel viaje. El martes 22 de octubre embarqué desde Barajas con destino al aeropuerto de Dusseldorf para visitar uno de los mejores planetarios de Europa y asistir a la exposición que se inauguraba en Bremen dos días después. De donde regresé el jueves 26 a primera hora. En casa se había quedado mi mujer para cuidar de nuestra hija. Ella viajó el año pasado hasta en tres ocasiones a Alemania. La última, del 16 al 20 de octubre. Siempre por motivos de trabajo. Es decir, que apenas nos vimos un par de días en Valdeluz antes de hacer las maletas. Les aseguro que mi señora no tiene el don de la ubicuidad para estar en dos sitios a la vez. Reté al PP a presentar las evidencias de esa mezquina acusación a cambio de dejar la Alcaldía. Y seguimos esperando. ¿Han demostrado con pruebas irrefutables los propagandistas del PP que coincidimos en Alemania? Rotundamente, no. ¿Les preocupa lo más mínimo haber engañado a los vecinos y a la opinión pública? En absoluto. Están encantados.

Es lamentable que uno tenga que desvelar las circunstancias personales de su cónyuge para defenderse de los infundados ataques del adversario político. El único pecado que ha cometido mi esposa es estar casada conmigo. Que la utilicen a ella para arremeter contra mí no solo es un acto nauseabundo de cobardía y grosería, sino que supone en sí mismo una falta de respeto hacia ella y su condición de esposa, madre y trabajadora. ¿Pedirán disculpas estos kamikazes de la política por tan humillante afrenta? Ya les digo yo que no. Porque ni tienen vergüenza ni la conocen. Unos, vamos de frente y dando la cara; otros, están más a gusto refugiados en las siglas y el anonimato.

No es mi intención aburrirles con estas reflexiones. He hecho este inciso con el ánimo de reparar el ultraje de los populares hacia mi esposa. Y por poner las cosas en su sitio. En el lugar donde la verdad termina por salir a relucir. Así que pueden estar tranquilos, porque no voy a replicar cada una de las difamaciones en forma de serial con las que el PP amenaza deleitarnos en las próximas semanas. Pero sí he de reconocerles que empieza a preocuparme el desconocimiento que el Partido Popular tiene del funcionamiento de la Administración. No por el hecho de que obvien la obligación de fiscalizar las cuentas anuales de este y cualquier municipio. Primero ante la Intervención municipal, después ante el Tribunal de Cuentas y por última ante el Ministerio de Hacienda. Lo que es de traca es atribuyan la propiedad del Observatorio de Yebes al Ministerio de Hacienda cuando es una instalación perteneciente al Instituto Geográfico Nacional, que depende directamente del Ministerio de Fomento. Y se queden tan campantes. Ojalá fuera ignorancia. Es aún peor: se llama dejación. Si regresaran mañana mismo al Gobierno municipal, no que cabe ninguna duda que cerrarían a cal y canto el Aula Municipal de Astronomía, esa por la que en seis años han pasado más de 30.000 visitantes. Que eso de la ciencia y la cultura es cosa de progres.

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