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Cada año se repite la misma historia.Llega septiembre y con él la vuelta al cole. Los telediarios repitiendo hasta la saciedad las imágenes de siempre. Toca plasmar las miradas ilusionadas de los más pequeños. Los joviales testimonios al reencontrarse con los amigos tras tanto tiempo. Y los berrinches de los primerizos. También, claro está, el consuelo y respiro de millones de madres, padres y abuelos después de casi tres meses de vacaciones. Hasta de esos que admiten con la boca pequeña que los echarán de menos. El año que viene no habrá que irse muy lejos para asistir en primera persona a estos retratos vitales. Será con motivo del inicio del curso escolar 2017-2018 en el nuevo colegio público de Valdeluz.

Ayer mismo, el consejero de Educación desvelaba las primeras actuaciones del Plan de Inversiones Educativas de Castilla-La Mancha, que destinará 70 millones de euros en tres años. Ocho proyectos para la provincia de Guadalajara. En la lista, el Colegio de Infantil y Primaria de Valdeluz. Sin trampa ni cartón. No hay marcha atrás. Dicho y hecho. En sucesivas ocasiones, en público y privado. Otros pudieron haberlo hecho antes. Pero ha sido él. Emiliano García-Page. Y como todo final tiene un principio, conviene poner las cosas en su sitio. Para que nadie se distraiga. Él y solo él creyó a pies juntillas que había que poner fin al desaguisado que se estaba perpetrando en Yebes. Lo recuerdo como si fuera ayer. Era una fría y desapacible mañana de otoño de 2013 cuando el que suscribe y José Antonio Real le abordamos a salto de mata en Uceda. Para contarle en petit comité y con un reparador café con leche en la barra las penurias que estaban pasando decenas de familias en Yebes por la falta de un colegio como mandan los cánones. Cogió al vuelo la denuncia y la hizo suya.

Han sido tres años de ardua e incesante lucha. Con desilusiones y parcos motivos para la esperanza. Los altibajos propios de cualquier reivindicación que se precie. Durante casi dos nos sentimos solos. Sí, como lo oyen. Sin nadie al otro lado que escuchase el clamor y pusiese remedio a la fatalidad. Ni propios ni extraños. Cual quijotes topando una y otra vez contra un muro infranqueable. Víctimas propiciatorias de una Administración, la de Mª Dolores de Cospedal y el partido que le sostenía al frente del Gobierno, que no solo nos negó el pan y la sal. También se mofó y burló de cientos de vecinos, que creyeron ver un atisbo de luz al final del túnel. Aunque fuera en vísperas de unas elecciones, las municipales y regionales de mayo de 2015. Me ahorraré los detalles. Porque no merece la pena mentar hoy a tanto desalmado como nos hemos encontrado en esta travesía.

Ahora toca celebrar las buenas nuevas. No será un servidor quien les niegue esa holganza. Pero digo yo que algo habremos hecho bien para llegar hasta aquí. No, no buscamos la adulación. Ni tan siquiera el reconocimiento. Al fin y a la postre, nos hemos dedicado a hacer nuestro trabajo. Que para eso nos pagan. Este es el triunfo del sentido común. De la cordura y la discreción. De una labor sorda y callada. Si me apuran, muchas veces ingrata. De horas en la carretera. En despachos desangelados. De palmadas en la espalda y puñaladas traperas. De zancadillas y palos en las ruedas. Créanme si les digo hoy, aquí y ahora que compensa tanta felonía. Aunque tuviésemos que mordernos la lengua más de una vez al asistir insólitos a las viles y desleales maniobras orquestadas desde la acera de enfrente.

Pero no siempre fue así. Sería injusto no reconocer el mérito y voluntad de unos cuantos crédulos que supieron ver la oportunidad. De esos vecinos que te abordaban un día sí y otro también para saber si había alguna novedad. De aquellos esforzados de la ruta que, bicicleta Dios mediante, se plantaban en Toledo para dar voz y visibilidad a tanto desmán. De quienes desde el anonimato y con rabia e impotencia nos animaban a tomar la calle. ‘Dinos dónde y cuándo y allí estaremos’. Porque esta es la conquista de la perseverancia y la razón. De una comunidad sólida y cohesionada que nunca desistió. Que se negó a arrojar la toalla a pesar del engaño y el menosprecio al que algunos quisieron someterla. Que se hizo más fuerte con la adversidad y el desencanto. Siempre dispuesta a dar un paso adelante cuando venían mal dadas. Esos y solo esos merecen todo mi respeto y estima. Gracias por tanto.

Y está la otra cara de la moneda. Esa que necesita redimir de Pascuas a Ramos los pecados cometidos. Que se fue de vacaciones poniendo excusas de mal pagador para demostrar que ellos no son lo que aparentan y vuelven con la misma historia. Nos llamaron de todo. Que si no teníamos iniciativa para sacar adelante un proyecto de la importancia del colegio. Que carecíamos de un plan B y fiábamos a una carta el futuro de la educación en Yebes y Valdeluz. Que uno era incapaz de hablar con quien tenía que hacerlo y cerraba el camino a otras vías. Que si no había ni presupuesto ni colegio y solo era palabrería porque Page nos prometió el oro y el moro y no movió un dedo. Que en la mente del Gobierno regional no estaba la reapertura del ‘Luz del Yebes’ ni había consignación presupuestaria alguna que contemplase la construcción o solución educativa para nuestro municipio. Que a qué esperaba para comprarme la cadena con la que amarrarme al árbol que prometí haría si no nos hacían caso con el asunto del colegio y dimitir a renglón seguido. Que si este era un proyecto que no interesaba lo más mínimo a la coalición de perdedores del PSOE y UPYD, que dábamos la callada por respuesta. Y así una detrás de otra. El tiempo ha terminado por poner a cada uno en su sitio. Y esta banda de impresentables ha quedado retratada para la posteridad. La gente cabal y honesta, que tiene más memoria de lo que algunos piensan, lo sabe bien.

Ni esperamos ni queremos disculpas. Entre otras cosas, porque no las necesitamos. Pero, hombre, no estaría mal que, más de un mes después, alguien desautorizase a un personaje lenguaraz donde los allá. Que responde al nombre de Lorenzo Robisco, que se atrevió a acusarnos de estar empeñados en mantener una mentira que sabíamos era inviable como la apertura del colegio de Valdeluz en 2017. ¿Alguien en su sano juicio se cree que este diputado regional, representante de la derecha más rancia y recalcitrante, hacía la guerra por su cuenta al vociferar en pleno agosto semejante barbaridad? Estoy seguro que ustedes no. Yo tampoco. Este es el discurso que algunos insensatos han alimentado y aplaudido durante el último año para trasladarlo convenientemente abrillantado de Yebes a la capital. De aquellos polvos, estos lodos. Está muy bien que ahora anuncien a bombo y platillo que se suben al carro. Que donde dije digo, digo Diego. Que defienden no sé qué del eje vertebrador. Les damos encantados la bienvenida. Incluso estamos dispuestos a aceptar que son ellos los autores intelectuales de este logro. Para ellos la perra gorda. Pero que no pretendan hacernos comulgar con ruedas de molino. Por ahí va a ser que no pasamos.

Septiembre de 2017 marcará un punto de inflexión en la historia reciente de nuestro municipio. Ya nada volverá a ser lo mismo tras la apertura del colegio de Valdeluz. Se abre todo un mundo de posibilidades. Para decenas de familias de hoy y las que vendrán mañana. Que tienen todo el futuro por delante

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