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Cuentan desde Hollywood que el próximo 21 de octubre Marty McFly se trasladará a nuestra época. A este 2015. Procedente de aquel 1985 del ‘Money for Nothing’ de Dire Straits y del final de la ‘guerra fría’ a lomos del vetusto e inolvidable DeLorean, que le permitía viajar en el tiempo. Que es como decir que el bueno de Michael J. Fox habrá llegado al futuro. Y digo yo, ¿en verdad vivimos en el futuro?

La literatura, la pintura, la fotografía y, por supuesto, el cine han sido utilizados a lo largo de la historia como recurrentes escaparates para plasmar nuestros sueños y dejar volar la imaginación en torno a cómo podría ser el mundo del mañana. Desde las visiones grises y descarnadas del ‘Metrópolis’ de Fritz Lang, que dirigió en 1927 y que a día de hoy es, con toda probabilidad, la película que más tristemente se acerca a la realidad, hasta otras repelentemente pulcras como el 2032 en el que aterrizaba Sylvester Stallone en ‘Demolition Man’.

Dejamos atrás el orwelliano ‘1984’ y aquí seguimos. Llegó 1995 y ningún virus letal mermó al 99% de la población mundial como se presagiaba en ‘Doce monos’. Manhattan tampoco se ha convertido en una isla-prisión, aunque para muchos es una mole apabullante, en contra del decorado que nos mostraba ‘1997: rescate en Nueva York’. Para colmo, ‘2001’ fue cualquier cosa menos una odisea espacial y ni siquiera ‘2012’ acertó con sus profecías apocalípticas.

Para los que nos hemos criado en las dos últimas décadas del siglo pasado, 2015 es un año marcado en el calendario. El mañana que nos prometían en la trilogía de “Regreso al futuro” y en otros muchos títulos, quizá de corte demasiado optimista y jovial, era uno en el que los avances científicos estarían al alcance de cualquiera. Esa democratización tecnológica nos iba a convertir en una sociedad algo más igualitaria, que daría a todos las mismas oportunidades de prosperar.

No era difícil adivinar que algunos de aquellos artilugios más o menos ingeniosos se harían esperar un poco más. Aquí seguimos sin coches voladores ni puente aéreo hacia la Luna. Lo que creo que ninguno de los que hoy podemos contarlo esperábamos es que se iba a producir un retroceso tan morrocotudo en cuanto a derechos sociales y laborales. Un mundo en el que la macroeconomía dictaría las reglas y sería más importante que la educación o la sanidad. Donde se estigmatizaría y perseguiría a los que osasen ser críticos con unos gobernantes que permanecen sordos, ciegos y mudos ante las demandas y necesidades de sus ciudadanos.

Muchos me preguntan por qué he tomado la decisión de unirme al equipo del PSOE de Yebes-Valdeluz. La respuesta es elemental a la par que obvia: porque sigo creyendo en ese futuro ‘de cine’ que todos hemos soñado para Yebes y Valdeluz. Para nuestro pueblo y sus urbanizaciones. El porvenir nos invita a abrir las puertas y no podemos desaprovechar la oportunidad que nos brinda para construir con esfuerzo y dedicación los cimientos del mañana. Desde el primer día nos dieron la posibilidad de trabajar de forma concienzuda en un grupo que comparte una común ilusión y en el que hemos optado por hacer autocrítica, hablar cara a cara con nuestros vecinos y elaborar los diferentes proyectos que se incluirán en un programa sólido, uniforme, conjunto y viable antes que lanzar floridos anuncios electoralistas. Ya lo dice nuestro lema: ‘Propuestas, no promesas’.

Trabajo, entusiasmo, humildad y, sobre todo, los brazos abiertos a todo hijo de vecino. Esos son los pilares en los que estamos trabajando desde hace algunos meses en el PSOE de Yebes-Valdeluz. Porque estamos convencidos del enorme potencial que tiene nuestra comunidad y las personas que la integramos. En definitiva, porque creemos que entre todos podremos regresar al futuro.

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