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No daba crédito a lo que tenía delante de los ojos. Dos veces tuve que leer la carta de despedida que el Partido Popular de Yebes dedicó hace 20 días a Manuel Vioque, que ha sido hasta ahora su portavoz en el Ayuntamiento. No entraré a analizar el trasfondo del asunto porque es vox populi la división interna de la que el PP ha hecho gala en estos cuatro años y que corrobora esta declaración epistolar. No me va eso de ‘hacer leña del árbol caído’, más que nada porque poco árbol resta de aquel que comenzó la legislatura.

Lo que me ha dejado estupefacto son los infamantes epítetos que esta nueva promoción del PP, que pretende reverdecer viejos laureles, dedica al último Gobierno del Partido Popular, para más inri de su mismo signo político: ‘(…) desastrosa gestión de la anterior Corporación y reprobables maneras de su Alcaldía’, reza textual la misiva. Con tan alevoso y contundente alegato calificaban aquel mandato de José Antonio Hernández entre 2007 y 2011.

Los que han seguido mi trayectoria saben que fui uno de los más críticos con esa gestión. Ahí están las hemerotecas por si alguien quiere comprobarlo. Siempre tuve meridianamente claro que aquel equipo de Gobierno incurrió en una ceguera sin paragón sobre lo que acontecía en buena parte del municipio. Bebió los vientos por el pueblo, que sin duda estaba necesitado de un buen lavado de cara, y lo hizo a costa de abandonar a su suerte a Valdeluz, que empezaba a dar síntomas del despunte que se avecinaba.

No creo que hubiera mala fe. En todo caso, algo de ofuscación por aquello de tomar las decisiones con las anteojeras puestas y otro poco de mal asesoramiento. Calificar de ‘reprobables’ los modos y maderas de José Antonio Hernández es como poco temerario. Por no hablar de la ruindad que supone el calificativo viniendo de donde viene. De los tuyos.

He de decir que a mí siempre me trató de forma correcta. Con las discrepancias propias de quien entiende la gestión municipal de manera opuesta. Pero siempre con respeto y consideración.

Dos lamparones de considerables dimensiones enturbiaron de manera evidente lo bueno que pudo haber hecho por el municipio: el procedimiento para la concesión administrativa del ‘Luz de Yebes’, que nos ha abocado a no tener en estos momentos un colegio en el municipio, y el derribo de la zona de ventas que nos privó de contar con 2.500 m2 de espacios públicos. Ambos despropósitos bastarían para tildar de funesta la gestión de José Antonio Hernández, sobre todo, para Valdeluz. En eso estoy de acuerdo.

Dicho lo cual, cabe preguntarse qué hay detrás de esa desaforada crítica del PP hacia un Gobierno de su mismo signo político. Una censura que en nuestra boca no causaría extrañeza, pero que viniendo de quien comparte ideas y marca es, cuanto menos, insólito. Lo único que se me ocurre es que es un desesperado intento de desvincularse de un pasado del que no están precisamente orgullosos de cara a las próximas elecciones municipales. Pero aun con todo, seguro que coinciden conmigo en que no es ni edificante ni mucho menos elegante. O ¿quién sabe? quizás tenga algo que ver la confección de las listas con que van a concurrir a las elecciones.

La marca de partido tiene mucho de símbolo. Que igual te catapulta como que te lastra. Por decirlo liso y llano, las marcas te marcan. Pero si tienes que poner distancia con una gestión de tu mismo partido lo lógico es hacerlo con sutileza y recato, sin que suene a revanchismo ni felonía. Y estos lo han hecho como elefante en cacharrería. Simplemente no queda bien, no es elegante, es feo.

Todos saben que mi relación política y personal con Manuel Vioque ha sido francamente mejorable. Hemos discrepado en lo fundamental y apenas hemos encontrado puntos de encuentro. Pero el respeto a su persona ha sido una máxima infranqueable. Me precio de deparar ese trato a todo el mundo. Habrá podido hacer o decir lo que sea en todo este tiempo, pero si hay algo que siempre le he reconocido es que es un tipo con dos dedos de frente. Hasta el punto de que jamás en estos años renegó de los claroscuros que rodearon la gestión de José Antonio Hernández, lo que le honra. Porque ocasiones tuvo para hacerlo.

En innumerables Plenos han salido a colación esos desatinos de los que les hablaba. Y no nos dolían prendas a la hora de cargar las tintas contra el anterior Gobierno del PP. Pero allí estaba Vioque, impertérrito, que nunca se excusó en que fueran otros los que gobernaban. Es lo que haría cualquiera que sabe lo que significa la lealtad, asumir como propios los aciertos y errores de los que han enarbolado esa marca a la que se debe un mínimo de decoro. Son esas reglas del juego que no están escritas en ningún manual pero que, como el valor en la antigua mili, se dan por supuestas.

Han tenido que venir sus sucesores para poner el patio patas arriba. Para echar piedras contra su propio tejado. Para mancillar, con muy poco tacto y menos inteligencia, el nombre de quien, estoy seguro, con aciertos y desaciertos quiso lo mejor para su pueblo.. Acaso no entiendan que insultando de esa manera a José Antonio Hernández y su equipo de Gobierno, menosprecian por extensión a los muchos o pocos votantes que tengan en el pueblo. Esos que en las últimas elecciones les proporcionaron cerca de la mitad de los sufragios. Tal vez incurra yo en el mismo error al poner de manifiesto ese detalle, pero entiendo que el daño está ya hecho. De nada sirve tratar ahora de enmendar la plana porque nuestros vecinos tienen vergüenza torera y, sobre todo, memoria.

Tras meses de silencio, al PP de Yebes le han entrado las prisas. Y se han puesto a escribir con desafuero en ese blog suyo. Sin nadie que le ponga rúbrica a esas reflexiones en voz alta. De eso se encargaba hasta ahora Manuel Vioque, con alguna aparición esporádica de Ángel Álamo, que es el único que, parece ser y hasta nuevas noticias, se mantiene en su puesto. Todo parece indicar que estamos ante una nueva hornada del Partido Popular, que es como un Plan ‘Renove’ del Gobierno cada cuatro años. Los mismos perros con distintos collares. Y parece que viene pisando fuerte. De momento, empiezan pisando a los suyos. Veremos qué hacen con los que no comulgan con sus principios. Lo mismo hasta nos invitan a que nos larguemos con viento fresco. Visto lo visto no me extrañaría.

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