Hace unos días y mientras atendía a un grupo de vecinos que iban de visita al Aula Municipal de Astronomía, entendí el sentido de una de esas reglas no escritas que concede la vida.
Que se emboscan en el día a día pero en realidad están a la vuelta de la esquina. Algo tan sencillo como la existencia que nos rodea. Tan enfrascados estamos en la tarea cotidiana de andar, de ensamblar los actos propios de manera coherente y conforme al plan previsto, que con frecuencia solo atisbamos las huellas de nuestros propios pasos. Aunque el camino es el mismo de todos los días, entre el ruido de las críticas y los cambios de última hora, no distinguimos el bosque.
Más allá de la prosaica definición de DESARROLLO LOCAL que figura en la web municipal, confieso que es complicado resumir de forma breve y concisa los contenidos de la concejalía que dirijo. Una de las herramientas en cuyo manejo cualquier responsable o directivo de una empresa privada ha de ser ducho, se conoce con el anglicismo de ‘elevator pitch’. O lo que es lo mismo, cómo explicar lo que haces en el trabajo o para qué sirve tu producto o servicio en el lapso de un viaje en ascensor.
Y por fin he dado con el quid de la cuestión. La forma de definir rápida y sencillamente el concepto de ‘desarrollo local’. Con una explicación sencilla a la par que breve. Tanto que lo que me empeño en hacer desde que allá por el mes de junio de 2011 el PSOE tuvo la oportunidad de integrarse por vez primera en el Gobierno municipal, cabe en lo que se tarda en subir del bajo al quinto piso. La tarea en la que llevo enfrascado desde hace casi dos años no es otra que crear las condiciones idóneas para llenar las calles de vida. Para mejorar el bienestar y la calidad de vida de los vecinos. Que no es una frase hecha sino una manera de concebir la gestión pública, de apretarse los machos.
Rara vez nuestro previsible y cotidiano devenir nos permite ser testigos de un hito en la historia. Y nos ha tocado aquí, en Yebes. Una asociación cultural ha sido capaz, entre luces y cepos, de arropar el parsimonioso paso del tiempo, de alimentar el alma de sus socios, de crear comunidad, calor y camaradería. Durante 25 años. Sería cuestión baladí si no fuera porque hablamos de un pueblo que hace cinco años tenía menos empadronados que socios su veterano colectivo.
La Asociación Cultural ‘Hierónimo de la Rambla’ es la suma de sus gentes. Hoy, sus socios y los que han formado parte de las sucesivas Juntas Directivas pueden sentirse orgullosos. El mérito siempre es de las personas, de quienes perseveran. Hoy suman poco más de una centena, todo un logro en estos tiempos de apatía global. Manualidades, excursiones, belenes, chocolatadas, mercadillos, pasacalles y la génesis de la biblioteca de Valdeluz son algunos de sus méritos. La hoja de ruta está jalonada de horas preñadas de actividad. Ha insuflado vida a un pueblo que el olvido escondió al futuro. Sin servicios, sin transporte, sin oportunidades.
El mérito de estos veinticinco años recae en quienes han tirado del carro. Aquellos y aquellas que desde la Directiva han vuelto a convocar una y otra vez actividades sin arrojar la toalla ante el desánimo o la desidia de algún que otro politicastro local. Han sido desalojados de la Casa de la Cultura, han mudado su sede a diferentes domicilios y, no en vano, han perseverado. Estamos en crisis, no solo financiera, también de valores. Se denigra la cultura como algo inservible, ineficiente. Nada más lejos. Esta asociación y sus veinticinco años de presencia nos muestran y demuestran, en cada uno de sus actos, que ante el marasmo y el pesimismo inducido por la política liberal y los recortes, la Cultura con mayúsculas une, apuntala, favorece la creatividad, la cohesión social, y enriquece la vida en comunidad.
Desde el PSOE de Yebes hemos seguido y compartido la vida de esta asociación. Comprendimos al instante que cuanto más fuerte es el tejido asociativo, más oportunidades hay de generar la necesaria cooperación entre los vecinos, la solidaridad ante los problemas comunes, la atención a la infancia y la tercera edad.
Vivimos en un municipio singular, lo quieran o no. Con Valdeluz a sus hombros, Yebes no es un pueblo al uso. En nada se asemeja a los que nos colindan. Ni Horche, ni Lupiana, ni siquiera Chiloeches se parecen a esta patria chica en la que todos hemos empeñado nuestro presente y el futuro de nuestros hijos.
Tenemos una estación del AVE sobre la que se han escrito ríos de tinta. Desde el gobierno de coalición que se fraguó en 2011, el PSOE de Yebes ha sido testigo de excepción e impulsor de los esfuerzos del Ayuntamiento por desatascar la pintiparada línea de lanzaderas con Madrid, germen del desarrollo de Valdeluz.
El Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, el Ministerio de Fomento, RENFE y el Gobierno de Castilla-La Mancha, han sido blanco de nuestros desvelos. Cuando mandaban los de antes y con los que lo hacen ahora. En dos años el Pleno ha aprobado sendas mociones de apoyo a la implantación del servicio RENFE Avant, a imagen y semejanza del que disfrutan las otras 17 capitales de provincia por las que transita la Alta Velocidad. Que el fin sí justifica los medios. Aunque de poco o nada ha servido ese empeño. Claro que peor hubiera sido esconder la cabeza debajo del ala, como hicieron nuestros antecesores del PP de Yebes, hospitalarios anfitriones de ‘El Follonero’. ¡Dios, qué buen vasallo si tuviese buen señor!
En el actual contexto de recortes, el afán es si cabe aún más osado. El muro insalvable con el que nos topamos de bruces es que el fin no justifica los medios. En ausencia de demanda, que es tanto como decir de viajeros, no hay trenes qué valgan. Visto que la ofensiva por nuestra cuenta no nos llevaba a ningún sitio, decidimos buscar adeptos a la causa. Porque la estación del AVE Guadalajara-Yebes no se construyó a riesgo y ventura de un proyecto urbanístico. Ese recurrente discurso que muchos enarbolan está viciado de antemano. Hay que estar muy ciego para no ver la oportunidad que supondría para un territorio con un potencial incuestionable y una población diana de más de 150.000 almas disponer de un medio de transporte sostenible y a precios asequibles. Puesto que Yebes no puede asumir en solitario una causa que es de toda una provincia, la única con una estación a poco más de 17 minutos del centro de Madrid y sin servicios directos, había que convencer a propios y extraños para que se subiesen a este carro. Sin irse muy lejos. Que esos aliados están a las puertas de casa.
Nos encontramos en plena ronda de contactos con los alcaldes y concejales de los pueblos con tejido industrial. Y con esos usuarios potenciales que utilizan los Gobiernos de turno como excusa de mal pagador. Si logramos que otros municipios entiendan la trascendencia de un transporte competitivo y decisorio para el desarrollo local, habremos dado un paso de gigante. Hasta la fecha nos hemos entrevistado con Tórtola de Henares, El Casar, Quer y Yunquera de Henares, Leer el resto de esta entrada »
Soy un habitual de los plenos municipales de Yebes desde 2008. En las antiguas oficinas del pueblo, escalera arriba, enel ático del edificio de la biblioteca. Por aquel entonces era un vecino más. Si a alguien he visto en las sesiones celebradas hasta junio de 2011 ha sido a varios compañeros del PSOE de Yebes. A nadie más. Recuerdo como si fuera ayer que un mes antes de las elecciones por allí se dejaron caer los señores Vioque y Yuste. Me sorprendió. No por esperado, que por insólito.
Lo más sorprendente de los plenos que convocaba el Partido Popular de Yebes eran las horas intempestivas de las convocatorias. A eso de las ocho y media de la mañana o media hora después. Y la diligente brevedad de aquellas sesiones. Más que concisas eran fugaces. Ni media hora, mire usted. No es difícil imaginar el exiguo trabajo normativo que requería ese suspiro. No en vano, los asuntos del Orden del Día se contaban con los dedos de una mano y en la mayoría de los casos sobraban apéndices. No era de extrañar el inmenso vacío de servicios, prestaciones e ideas con que nos topamos al llegar. De aquellos polvos, estos lodos.
Desde que el PSOE de Yebes arribó al Gobierno municipal, hace poco más de año y medio, se han celebrado dieciocho plenos. Cada sesión con una media de diez a 15 asuntos a tratar. La actividad normativa, la gestión administrativa y el ritmo que le hemos puesto a la res publica ha sido muy intenso. Y lo sigue siendo. Para la posteridad han quedado aquellos sainetes del visto y no visto a los que tan aficionado era el PP.
Una de las tendencias que pusimos patas arriba nada más aterrizar fue el horario de los Plenos,que pasaron a celebrarse por las tardes. Hasta un total de doce. Más del 66% de los que han tenido lugar hasta la fecha. Convocados a las cinco o seis, con una duración media de dos horas y media a tres. Los profusos debates alargan las sesiones sin dilación, lo que complica conciliar estas citas con las respectivas tareas vecinales.
En nuestro programa electoral está la celebración de los Plenos en horario vespertino. Y lo cumplimos, durante doce plenos. Entonces no imaginábamos que en un Ayuntamiento que el PP dejó como un erial estaba todo por hacer. Urbanismo, cultura, servicios y equipamientos. Una ingente carga de trabajo que convertía cada sesión plenaria en un maratón de asuntos. La inusual duración nos forzó a ajustar la hora de inicio a las cinco o seis de la tarde. Había que terminar a una hora razonable para cualquier vecino. Leer el resto de esta entrada »
Parece mal momento para nombrar esa palabra que hoy tiñe el sombrío horizonte de una España en decadencia. Ese término que refleja el enorme abismo que hay entre las políticas de recortes y reducción de déficit con las promesas de empleo y crecimiento que queremos ver de una vez por todas. Rescate.
Sin embargo, rescate, ha sido también fuente de disfrute, siempre en el filo del bien y del mal. Canciones como “Rescue me” de Fontella Bass o “emotional rescue”, álbum de los Rolling en los ochenta, son la cara lúdica que han acompañado nuestra juventud. Hemos vivido también envueltos en rescates de cine, épicos , en secuestros , en vidas comunes y pequeñas, rescates de horas, de corazones. El rescate siempre ha sido sinónimo de final feliz, una liberación comprada donde el precio era lo de menos, importaba la libertad como fín, la calma emocional como destino, a cambio de cualquier sacrificio, del esfuerzo supremo.
Hoy no es así, el rescate nos acecha como un cúmulo nimbo algodonado, amenazador en su negrura desde un cielo crepuscular de verano. Hoy no afecta a alguien, nos señala a todos. Hoy no parece tener un desenlace feliz sino el principio de un largo cautiverio. Hoy el rescate amenaza la libertad, los servicios básicos y el estado del bienestar. Y al campo más, mucho más. España deja de ser un estado perceptor neto de ayudas para pasar a contribuir en el pago de la factura PAC a favor del desarrollo rural, de otros, las últimas incorporaciones al Mercado Común.
Pero que desarrollo? Hasta cuando veremos los campos llenos de girasoles inútiles? Es la ambicionada subvención de la PAC el único destino posible de nuestro sector agrario? ¿Por qué no se apoya la denominación de origen, la reconversión del sector a productos de calidad, diferenciadores, por qué no se apoya con programas específicos a los cultivadores y dueños de la tierra? ¿Por qué no se favorecen las cooperativas en la cadena de suministro y se regula la actividad de las grandes superficies en el proceso de compra? Otra batalla perdida ante los todopoderosos lobbys financieros en Bruselas?
Por qué abandonarse al pesimismo? Descubro el valor de los sentimientos ante lo material en una vieja carta de amor que se me hace intemporal y rescato para Uds. Dediquen tiempo a los suyos, es una inversión que ningún banco podrá hurtarles ni ningún gobierno podrá recortar. Ahora más que nunca.
“Hace tiempo que estamos juntos, se puede decir que envejecemos por turnos, yo más que tú, a veces tú más que yo. Ahora te toca a tí, cumples uno más y de nuevo tengo ocasión de verte a mi lado, de disfrutarlo desde el secreto de la urgencia, de buscar y pensar que dijiste, que querías, que te hacía falta. Y mientras mi cabeza va en busca de esas respuestas, mis pasos se afanan en llevarme a sitios donde miro, una y otra vez, buscando el regalo perfecto, el precio justo. Mis manos, como siempre desde que nos conocemos, vuelven a juntar las monedas sueltas en el bolsillo para ver si un milagro consigue aparearlas. Busco salir de un maldito logaritmo tendente a cero y encontrar una integral que sume hasta el nivel de mis recuerdos sobre lo que necesitabas. Quizá lo que nadie te había regalado, o se esconde en tu inconsciente porque fue hurtado a tu niñez por mil y un motivos.
Me encanta hacerlo así, de nuevo vivo en el filo. Dicen que España está en crisis, el consumo en picado, el gobierno instalado en el recorte como axioma. Acostumbrado a vivir pendiente de un hilo, a la precaria seguridad de un mundo en permanente default no sería capaz de encajar una existencia holgada. Estar asegurado por un mullido colchón de respuestas y recursos para todo puede ser cómodo pero quizás tremendamente soporífero.
Vivimos tiempos de libertad, de opinión y de pensamiento, al menos eso nos cuentan. También vivimos un auge del marketing relacional, sicológico, del branded content, de la web social como entorno de interacción y globalidad, de democracia 2.0, del poder del post como expresión libre y el voto inmediato como afirmación de nuestra personalidad.
Estoy releyendo un libro muy recomendable de la Dra. Dolors Reig “Socionomía”. Digo releyendo porque como en el segundo visionado de nuestras películas favoritas se advierten mejor los matices, los guiños al lector, las inconsistencias del racor. Insisto, una lectura muy recomendable.
La Dra. Reig nos describe la revolución social en marcha con precisión milimétrica. La tarea que asume no es baladí. Su intención es descubrir la importancia de dos hechos. Estamos viviendo un salto evolutivo, la posibilidad, gracias a la tecnología de estar más juntos, de desarrollar sociabilidad e inteligencia de manera aumentada. La segunda y tan importante como lo anterior, que el individuo y la sociedad no pueden perder este tren, quedarse fuera es asumir el riesgo de una exclusión social e informativa que nos aboca a un aislamiento letal.
Profundiza también en el factor confianza como criterio esencial para la relevancia de la información en la plaza del pueblo tradicional. En definitiva maneja una serie de nuevos conceptos como “infoxicación” “disonancia cognitiva”, filosofía KISS o hipersociabilidad. Hace referencia a diversos autores y teorías, que glorifican el cambio, Castells ó Daniel Pink y este nuevo futuro social y tecnológico o al revés, que advierten de los peligros de la tecnificación excesiva, los tecnófobos como Carr y Sparrow. Un retrato fiel de la web social como universo paralelo de nuestra vida diaria.
Ahora que la vida en la Tierra tiene tintes de convertirse en una de las cámaras del averno, donde fuego y azufre se han transmutado en sus homónimos del siglo XXI, desempleo, recortes y exclusión quiero abrirles una pequeña ventana al cielo, una llama que aporta luz y curiosidad, al menos para la juventud, la semilla del futuro .
Tenemos la fortuna de vivir en una provincia que cuenta, más allá del Corredor del Henares, con cielos profundos, plagados de cuerpos celestes, visibles a simple vista. Sin embargo, a un tiro de piedra de la capital, en el término de Yebes, encontramos una joya por descubrir, una de las instalaciones astronómicas más importantes de España, el Observatorio de Yebes.
Los moradores de la Alca
rria están habituados a cruzarse con la silueta cambiante de la antena del radiotelescopio de 40 metros, ladeada en escorzo o en reposo apuntando al cenit. Silente entre cebada y girasoles, a la izquierda, en la carretera hacia Yebes, tan cerca y tan olvidada. O viniendo desde Cuenca, recortada en el horizonte, como Horche, a punto de lanzarse al vacío y hundirse en el cercano valle del Río Ungría.
Esta instalación, que tiene presencia en la zona desde mediados de los 70, ha sido una gran desconocida para los habitantes de la provincia. Su labor callada se ha centrado en la observación radioastronómica, sus mediciones son reconocidas internacionalmente en el campo astronómico y geodésico. Además de las cúpulas que albergan los instrumentos de observación, el Observatorio cuenta con un laboratorio para el desarrollo de instrumentación, y es el centro base para el trabajo de un amplio grupo de ingenieros y técnicos.
Si tradicionalmente las noticias que uno lee llenan de negros nubarrones el horizonte, hoy en día sufrimos una tormenta perfecta.
El abanico de términos que emborronan nuestro presente es creciente. Crisis, rescate, corralito y corrupción no necesitan de calificativos para enturbiar la actualidad del ciudadano de a pié. Un panorama desolador si nos centráramos en la parte vacía del vaso. Sin embargo la vida también depara, para quien lo quiere ver, multitud de sorpresas agradables.
En tiempos ya pretéritos, en naciones y ciudades que han muerto y renacido cien veces la guerra, las artes y las ciencias eran compañeros inseparables. Al-Ándalus y el Renacimiento italiano son dos buenas muestras de cómo entre el acero y la sangre se abría paso la ciencia de Da Vinci y Al-Zharqali, el arte de Rafael y la mezquita de Córdoba.
En nuestro tiempo, ambas materias, han sido las primeras en sucumbir a los recortes presupuestarios. La cultura, sin tener la culpa de una desastrosa y delictiva gestión económica de la banca y los gobiernos, es el chivo expiatorio del pecado mortal del sistema. Una crisis y unas soluciones cada vez más parecidas a otras del reciente pasado que hicieron de este mundo un infierno totalitario y nazi, que ni el mismo Virgilio soñó en la Divina Comedia de Dante.
Sin embargo, yo, desde mi humilde sillón, ante un paisaje que alterna cebada brillante con parcelas calladas, roturadas, a la espera del girasol, rey de esta tierra de alcarrias les quiero hablar de cultura. En pequeño, en la cercanía, en la dimensión necesaria para enriquecer la vida de nuestros pueblos, de nuestros barrios. Lejos de los recortes y las angustias de la economía nacional, de los grandes centros culturales y artísticos.
Soy de una generación donde la puerta del cole no era el comienzo de un exilio diario a mi casa.
Era la continuación del juego y la libertad para ir, acompañado de mis amigos por las calles de mi barrio. Chanzas, trueques y risas salpicaban nuestro regreso a casa. Nuestra madre esperaba, entre arrumacos y preguntas en un hogar, repleto de aromas sugerentes, de comida casera.
¿Cuánto de Uds. recuerdan esta imagen, este tránsito diario y alegre? Pues se va a quedar en eso, un recuerdo sin sombras en un presente vacío de juegos y de niños. Un presente salpicado de calles apresuradas, con madres nerviosas, agrupadas en torno a una parada, a la espera de sus hijos, pequeños , medianos y grandes que vienen de otro pueblo, otro cole en un
extremo situado a cinco, a diez o a cuarenta kilómetros. Madres con el alma en un puño, a diario, verán a sus tiernos infantes cruzar la provincia en el crudísimo invierno, impotentes. La escuela rural se muere, la educación, la puerta al futuro para los pueblos grandes y pequeños, es apartada de las prioridades del gobierno. La ideología, una vez más, gana la partida a la razón.
Si hay un detalle en la vida de los pueblos que genera cohesión social, que provoca crecimiento estructural, sostenido, de nuevos vecinos, de familias que buscan un nuevo comienzo es la educación, la de proximidad. El colegio vertebra la vida familiar en torno al núcleo del municipio. También da alas al comercio local y por tanto llena de vida las calles. Es desarraigo lo que sufrirá la infancia por la ausencia de colegios en sus propias localidades. Genera un sentimiento de trashumancia, de volatilidad que mina la sensación de pertenencia al grupo local. Lastra las actividades culturales y deportivas que podrían contar con la juventud, en su propio pueblo, porque los amigos, las confidencias, la tribu la han tenido que crear nuestros hijos lejos, donde cada mañana les llevan a la fuerza. ¿Es ese el futuro que queremos para nuestros jóvenes?
Me tengo por uno de los millones de escépticos que no se creen esa milonga de los megarecortes como receta fetén para atajar una crisis mundial que ya va para cuatro años largos. Estamos anclados en una doctrina económica de inciertos resultados. Una fórmula no testada que ha sido impuesta por la locomotora de Europa, la magnánima potencia industrial alemana.
La sobreexpuesta Ley de Estabilidad Presupuestaria que impone un techo de gasto público y un déficit máximo a todos los países euro, se ha transmutado durante los últimos años en un credo que no permitía disensiones. La herejía económica no solo se castigaba en las instituciones europeas con el ostracismo, era además vituperada por los mercados. La turbamulta enardecida de inversores no ha dudado
en marcar a fuego a los más débiles. A saber bajo los oscuros designios de qué potencia económica ajena al euro. El mercado salvaje, la mano invisible, el Reichstag financiero han hundido para siempre el sueño que Europa forjó tras la II Guerra Mundial.
Este hartazgo de crisis disgusta sobremanera a quienes insisten en complicar la vida al común de los mortales con recortes sin expectativas de mejora y mensajes agoreros y facilones del estilo de no gastar lo que no tienes. Parece mentira que acumulen másteres, diplomas y títulos que suelen incluir referencias históricas a sus respectivas parcelas, entre ellas la económica, y no sepan por qué el crédito es consustancial al origen de la banca, al desarrollo de los estados e imperios que se han fraguado, uno tras otro, con ayuda del crédito y la rapiña de las naciones.
Vivimos inmersos en un mundo frenético. La información nos apabulla con su oferta multicanal. Aprender se ha convertido en un monólogo entre la pantalla del ordenador y el pasivo y turbado aprendiz. Los impactos que graban la información en nuestra mente han de ser visuales. Por algo Youtube se ha convertido en el zoco virtual más visitado del planeta. Cualquiera puede convertirse en profesor, no importa si con conocimiento de causa o no; la clave es estar presente en la red y generar visitas. Cuantas más, mejor. La popularidad, el “page rank”, ha suplantado al prestigio cultivado durante años de experiencia del buen pescador, del maestro en el oficio, del bibliotecario que aconseja, de la memoria de los mayores.
Perduramos anclados en el momento, en la levedad de un plano corto, un pantallazo de realidad. Antaño la hemeroteca personal se nutría de fechas señaladas, fiestas familiares, vacaciones y encuentros memorables. Ahora, cada segundo, cada nimiedad en nuestras vidas, cada brindis compartido, inunda la red de nuestras fotos, micro blogs, geotags y demás herramientas al servicio del ego 2.0, del superyó freudiano. Ímprobo esfuerzo para ser alguien en una sociedad indigesta de soledades, de aprendices sin maestro, de corazones sin apego, sin historia.
Hoy quiero hablarles de un oficio viejo, más de lo que pueden imaginar. Antes del lenocinio a la carta existía, como recurso de simple supervivencia, la tradición oral. Historias contadas para ser escuchadas. El cuentacuentos de hoy que en el mundo rural es la cuna del conocimiento inmediato, de la tradición, de la experiencia acumulada.
Inmersos como estamos en una profunda crisis que tarde o temprano tocará fondo y en la que algunos creen ver signos de recuperación gracias al ‘indicador sintético de actividad’ (De Guindos dixit), hay señales que permiten atisbar que el planeta se despereza. Que de manera lenta pero inexorable este complejo y alicaído mundo mejora gracias a la integración activa de la mujer, no como singularidad sino como tendencia.A su participación en la toma de decisiones en las empresas; a su inclusión, paritaria o no, en las instituciones; a su papel creciente al frente de las naciones; a su merecido reconocimiento como pieza imprescindible en el medio rural.
Cierto es que ‘crisis’ suena a género femenino. Pero hoy exploraremos la otra cara proactiva y amable. Que tiene también nombre de mujer. Se llama ‘oportunidad’. Leí no ha mucho un artículo a propósito del drástico cambio de rumbo en la gestión de la crisis en Islandia. Primer país del viejo mundo que entró en quiebra técnica y cuyo nuevo Gobierno, liderado y formado mayoritariamente por mujeres, ha sentado en el banquillo no solo a los responsables políticos sino también depurado a la cúpula bancaria, responsable última, allí y en todo el orbe mundial, del saqueo sistemático a los ciudadanos con complejos activos financieros, precios manipulados y clausulas leoninas.
Así, dicho de pronto, suena a antítesis. A irreverencia merecedora de anatema. El sortilegio que resulta de contraponer dos términos en apariencia contradictorios, como son la alusión al mundo olvidado o al menos postergado, el rural, y la nomenclatura que simboliza la comunicación digital, esa que permite que 7.000 millones de seres estén interconectados en una al
dea global.
Vivimos en una provincia extensa. Ancha, que diría mi abuelo. Como la Castilla vieja y adusta que delineara Machado. De profundos desequilibrios poblacionales. Casi 300 pueblos, minúsculos por no decir fatigados, que cobijan en su mayoría a menos de 100 almas. Representamos el 0,53% de la población española, lo que da una idea de la dispersión geográfica de personas y parroquias en este ahora gélido territorio, que en tiempos de Alvarfáñez era de clima templado y amable con la morisma. Era por el año 1085 de la Reconquista.
Desde mi sillón con vistas al campo suelo insistirles en el papel que el medio rural representa por aquello de los valores tradicionales, intrínsecos y diría que hasta sentimentales. Por ser cuna de nuestros padres y abuelos. Huellas todas ellas que hoy languidecen. Pero hay opciones. Ese método de análisis de difícil contexto que los que saben de esto denominan benchmarking, refiere que en otras provincias con condiciones geográficas y sociológicas tan adversas a la nuestra han tomado cartas en el asunto. Para revitalizar el medio rural desde otra perspectiva. La que deriva del entorno 2.0.
Si alguien busca al causante del ocaso rural en el estado protector ese que llaman del bienestar y que ahora está tan denostado, ya puede olvidarse. Quien ha impuesto las cadenas al campo ha sido el mercado tirano, el libre y sacrosanto sistema mercantil donde la iniciativa privada debería ser la panacea de todos los males de este país y, si me apuran, del planeta entero.
Bienvenidos a ese mundo ideal, el libre mercado, allí donde la competencia, el precio, los intermediarios y la producción imponen las reglas del juego. Donde las leyes de la guerra marcan inexorablemente la agonía del eslabón más débil, en este caso, los agricultores.
Desde hace seis meses está en trámite parlamentario una ley que permitirá ampliar el potencial del medio rural, de los cosecheros a pie de sembrado, de las familias y empresas que no han dejado de arar y trabajar la tierra, y mejorar el equilibrio de poder, el reparto de ingresos en la cadena alimentaria. Un atisbo de aliento para los profesionales del campo, que están a años luz de los latifundistas de la subvención.